La independencia inconcebible

Estas juntas tenían que funcionar de manera coordinada con las diputaciones provinciales, que a su vez debían asesorar al gobierno para adoptar las decisiones más acertadas. Asimismo, abordó el reparto de tierras, al que consideró la operación de más alta importancia en la América española, recordando que se había encargado la medida a todos los jefes políticos y a las diputaciones. En este asunto el Perú ocupaba nuevamente un sitio relegado en las prioridades del ministro, ya que desde su perspectiva el repartimiento de tierras se vinculaba estrechamente a la necesidad de aumentar la población en algunos puntos concretos de las posesiones americanas: Jagua y San Fernando de Nuevitas, en Cuba; la provincia de Tejas; las Californias —es decir, grandes extensiones prácticamente sin población—; y Puerto Rico. En el planteamiento del secretario, ambos objetivos no estaban orientados solo por cuestiones económicas, sino que se buscaba también asegurar y defender la posesión hispánica de los territorios en cuestión. De hecho, podría asegurarse que, tal y como aparece expuesto en la memoria, el fomento de la población representaba un elemento esencial de una política fronteriza. Como medios para propiciar el desarrollo de la agricultura y la industria, Gil de la Cuadra encomendó a las Cortes el fomento de las comunicaciones interiores, para lo cual recalcó la orden de reunir los planos y los papeles de los archivos públicos y gubernamentales que tratasen sobre la apertura de caminos y canales de riego y navegación, así como a la exhortación a los particulares que tuvieran documentos o memorias relativas a estos asuntos para que las remitieran al poder central. Estos materiales debían ser analizados por personas inteligentes y con información sobre América con el objetivo de que propusieran las obras más idóneas para el desarrollo del territorio (1871[1821], p. 126). Por último, el ministro abordaba el fomento de la minería, tomando una clara posición en el debate contemporáneo sobre su impacto sobre los pueblos. En concreto, la consideraba beneficiosa frente a los teóricos que sostenían su carácter perjudicial. En el Perú, específicamente, la situación minera era muy complicada, puesto que la producción de plata había decaído de un modo contundente desde el año 1808. De hecho, si en esta fecha se alcanzó la producción de 513 000 marcos de ocho onzas, en 1823 se obtuvieron solo 37 800 (Contreras, 2010, p. 159). Gil de la Cuadra aseguraba que la propagación del conocimiento científico de la minería se había procurado para evitar las costosas comisiones de extranjeros que tan poca utilidad habían tenido, sobre todo 79

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