Una cuestión relevante que aparece en las memorias de los ministros de Ultramar en varias oportunidades es la reforma del instituto de misiones mediante la alteración del mecanismo de reclutamiento de los religiosos. Los secretarios denunciaban los abusos cometidos por el sistema de financiación que el erario público destinaba para el traslado de misioneros a América. En este asunto, la reforma pasaba por una mayor intervención del monarca; es decir, que regulase y dirigiese el proceso, por lo que se demandó a las Cortes que sancionasen una serie de disposiciones para asegurar el control del gobierno. Dentro del negociado de sanidad, Gil de la Cuadra reafirmó la intención de introducir una reforma general que en América se estaba encontrando con una serie de dificultades, entre las que se encontraba el incumplimiento de la disposición de establecer Juntas de Sanidad, tal como se había mandado a los ayuntamientos en el año 1813. Según refería, entre las órdenes más destacadas, además de exhortar a los jefes políticos a introducir las referidas juntas, se encontraban varias providencias para arreglar los protomedicatos, desecar los pantanos causantes de enfermedades y edificar cementerios en los extramuros de las ciudades. Asimismo, retomando la actividad que desde el siglo dieciocho se estaba llevando a cabo en América, el ministro expuso que se había dispuesto que los jefes políticos ordenaran a los profesores, que administraban las vacunas en correspondencia con las juntas formadas para propagarlas y sostenerlas, que imprimieran y remitiesen cuanto tuvieran observado para que su contenido fuera analizado y cotejado con los obtenidos en la Península para valorar las respuestas de la distintas poblaciones. El segundo gran apartado que en las memorias organizaba la gestión llevada a cabo en América es el de fomento, que se componía de instrucción e industria. En el primero de ellos, y en sintonía con el papel esencial que le correspondía a la educación en el progreso y en la organización del nuevo régimen, especialmente en lo referente a la formación de los ciudadanos y a la incorporación social y productiva de los sectores populares, se recalcó la importancia de una educación pragmática que resultase capaz de responder a la necesidad de desarrollo que tenían los territorios ultramarinos. Tras exponer que se habían mandado formularios a las autoridades políticas para que informasen acerca de la situación de cada uno de los lugares, Gil de la Cuadra refería la creación de varias cátedras en universidades de distintas provincias, aunque no se comprendía al Perú (1871[1821], p. 124)99. 77
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