La independencia inconcebible

indefinido. Este solo examen, si se hace con madurez y calma, será ya un seguro anuncio del triunfo nacional; porque jamás la razón unida a los intereses privados deja de sobreponerse al influjo de las pasiones y miras extrañas que están en contradicción directa con el bien comunal de todas las provincias. Esto quiere decir que el efecto será más o menos lento según el estado moral de los que se entreguen a semejantes reflexiones; pero una vez que la meditación llegue a ocupar los ánimos de todos y el recuerdo de los inmensos sacrificios que hayan hecho sin fruto alguno venga a contristarlos y afligirlos con la terrible idea de que tiene que repetirse mil y mil veces, y siempre inútilmente, entonces el desengaño labrará mucho más que la fuerza, y la paz y la conciliación serán los dulces frutos de esta terrible lucha (1871[1820], p. 56). Por lo tanto, la vuelta al redil por parte de los revolucionarios, hastiados de la ambición y la codicia de unos líderes que habían dejado de actuar conforme a los requisitos de un régimen político estable, sería inexorable. En esta línea continuaba Porcel al referirse a la situación del Río de la Plata, donde […] no todos obran conforme a la naturaleza de las cosas [y] se echa de ver que hay muchos que obran de diverso modo, aunque la divergencia de las operaciones apenas llega a traslucirse más que en los últimos resultados; y errando coherentemente, no solo no enmiendan el error, sino que le multiplican. Así se advierte desde hace muchos años una inestabilidad que debe tener abrumados y llenos de desesperación a los habitantes de Buenos Aires, sucediéndose inesperadamente los gobiernos y los individuos unos a otros, las alianzas y las enemistades, la paz y la guerra, la reconciliación y el odio; pero nunca el orden al desorden, ni el respeto a las leyes ni a la buena administración, ni la economía (1871[1820], p. 57)95. Y finalmente concluía: Para el que conoce la verdadera situación política de las provincias de Ultramar, no es un vaticinio lisonjero, sino una verdad demostrada, el asegurar que nada puede serles más grato ni halagüeño que el sistema constitucional, porque con él se puede sin peligro entender las cosas como son, y decirse como se entienden, y porque el comercio se verifica, la industria prospera, la propiedad se respeta, la seguridad individual no peligra; y en resolución, se hacen las leyes por los representantes de los mismos que han de obedecerlas. ¿Y en qué parte del mundo, más que en la España ultramarina, hay mayor necesidad de tan incomparables beneficios? (1871[1820], p. 59)96. Para Manuel Cabrera de Nevares, favorable a la concesión de la independencia, la revolución americana no había dado lugar sino a una 73

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