Resulta evidente que dicha circunstancia respondía a varias causas, pudiéndose contemplar con cierta claridad si se atiende a la relación entre el conocimiento, la formación o las ideas respecto del mundo colonial, y la información disponible sobre los sucesos militares y políticos de las posesiones transatlánticas. Asimismo, conviene atender al ámbito de las expectativas y los prejuicios, que condicionaron la dificultad de ciertos sectores de la corte para concebir y aceptar la posibilidad de la ruptura del vínculo político con el Perú y con el resto de las posesiones transatlánticas (Costeloe, 1989, pp. 37 y ss.). Es llamativo que en el conjunto de memorialistas haya muy pocos que tuvieran un conocimiento presencial de los virreinatos americanos, máxime si se advierte que entre los cuatro secretarios de Ultramar que cumplieron con su obligación ante las Cortes, la única excepción la constituye Ramón Gil de la Cuadra. En concreto, este ministro, cuyo nombramiento se vio propiciado por su amistad con Agustín Argüelles, no solo integró la comisión que Carlos IV envió a América para fijar la frontera entre México y los Estados Unidos, sino que también visitó América del Sur realizando estudios de ciencias naturales (Gil Novales, 2010)92. Antonio Porcel, por su parte, aunque poseía una gran experiencia política en la Península, no había tenido contacto directo con América, aunque entre 1800 y 1808 había sido secretario del Consejo y de la Cámara de Indias. Su desempeñó como secretario de Ultramar tuvo lugar entre el 9 de marzo de 1820 y el 1 de marzo de 1821, solapándose con el cargo de consejero de Estado, que mantuvo hasta la caída del régimen liberal. En cambio, José María Moscoso y Altamira, memorialista del año 1822, no había tenido ninguna de las dos experiencias. Ahora bien, si se considera la totalidad de los numerosos ministros de Ultramar del Trienio Liberal el panorama se altera, ya que es forzoso señalar a los secretarios Manuel de la Bodega y Mollinedo, Dionisio Capaz y Rendón, y Pedro de Urquinaona y Pardo. Bodega y Mollinedo no solo era natural de Lima, donde había obtenido el título de doctor en Derecho, sino que también se había desempeñado como oidor en la Audiencia de México. En la capital novohispana fue director de la Academia de Jurisprudencia Teórico-Práctica Real y Pública, experiencia que lo llevó a escribir una Representación sobre la situación política de la Nueva España, cuya edición se produjo en 1820 aunque su redacción se produjo en 1814. Con posterioridad, entre 1814 y 1819, fue 66
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