La independencia inconcebible

consejero de Indias, y unos años más tarde, entre 1820 y 1822, diputado por Lima en las Cortes del Trienio (Gil Novales, 2010). El marino Dionisio Capaz y Rendón poseía una larga trayectoria americana. Hacia finales de la década de 1810 participó activamente en la guerra de independencia en el Perú, y en 1818 perdió la fragata María Isabel en manos de los insurgentes en Talcahuano. Dos años más tarde, el virrey Pezuela le encargó que entablara negociaciones con los representantes de San Martín junto a Hipólito Unanue y al conde de Villar de Fuentes, y en 1821 regresó a la Península para recibir una comisión oficial en París y ser nombrado secretario de la Junta del Almirantazgo (Gil Novales, 2010). Pedro de Urquinaona y Pardo era bogotano y, además de haber participado de la administración de la Monarquía, fue el autor de numerosas obras de temática americanista, entre las que resaltan su Discurso sobre la navegación del río de la Magdalena, el Manifiesto de un español americano a sus compatriotas de la América del Sur y la Relación documentada del origen y progresos del trastorno de las provincias de Venezuela hasta la exoneración del capitán general don Domingo de Monteverde (Gil Novales, 2010). Cabría destacar también a Ramón Feliú, que tuvo una intensa relación intelectual con América, sobre todo durante el primer liberalismo, en el que se desempeñó como diputado suplente por el Perú. En sus intervenciones defendió a los indígenas y al continente americano en general, poniendo de manifiesto el influjo de Rousseau (Gil Novales, 2010). Entre el resto de los secretarios, fueran o no autores de memorias, encontramos que la experiencia americana tiende a concentrarse entre los ministros de Marina. El marino Juan Jabat y Aztal-Sarries, titular de esta cartera en 1820, había realizado varios viajes a América y aparentemente estuvo establecido en México durante un período que no se ha podido precisar, ya que figura en la toma de posesión el virrey Iturrigaray. Asimismo, hacia 1808 se encontraba residiendo en La Habana, con lo cual su conocimiento de Ultramar era apreciable. Con posterioridad, las Cortes acordaron comisionarlo para la Nueva España (Gil Novales, 2010). Merece una mención especial el marino vizcaíno Jacinto Romarate, que había servido en el Río de la Plata desde mediados de la década de 1810. Al inicio de la revolución se encontraba al frente de apostadero naval de Montevideo, desde donde desplegó una dura resistencia a las tropas de 67

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