LA ÉLITE MINISTERIAL Y EL PROBLEMA DE LA INFORMACIÓN SOBRE EL MUNDO AMERICANO Si se atiende a los debates de las Cortes del segundo liberalismo, así como al cuerpo de diputados que las integraron, se tiene la impresión de que el Perú constituyó un ilustre ausente. No solo tuvo una escasa participación en la diputación, sino que además su presencia en el desenvolvimiento de las sesiones resultó ostensiblemente inferior a la de otros territorios americanos. Por ejemplo, resulta llamativo que incluso cuando José de la Serna se puso al frente del virreinato y tomó la determinación de abandonar Lima para preservar al ejército de la confusión y la vulnerabilidad de la capital, las memorias refieren los sucesos en unas pocas líneas que guardan escasa relación con su relevancia y sus implicaciones, poniendo de manifiesto el serio problema de información que debieron afrontar los sucesivos gobierno del Trienio Liberal sobre la situación americana. Asimismo, no resulta casual que en las memorias de los secretarios se aluda con frecuencia a la necesidad de «asegurar la habilitación de los buques correos, para que la España ultramarina tenga, como corresponde, frecuentes noticias de la metrópoli: por carecer de ellas han sido sus vacilaciones y para que estas no continúen, preciso es que [las embarcaciones] salgan del puerto en las épocas corrientes» (Romarate, 1872[1822], p. 197). El agudo juicio de Cabrera de Nevares presentaba el problema de fondo de un modo descarnado, al aseverar que Careciendo nuestro gobierno del conocimiento necesario de lo que pasa a la distancia de cuatro mil leguas, necesariamente debe caminar a ciegas en todas cuantas medidas adopte para la pacificación de aquellos países. No habiendo hasta ahora palpado, por decirlo así, por sí mismo los objetos no habiendo podido verlos por sus propios ojos sino por los de sus empleados, los cuales tampoco pueden verlos por sí mismos, porque no viven ni pueden residir entre los insurgentes, resulta que mal informados nuestros ministros, tienen que informar ellos mismos al Rey equivocadamente, y la Cortes oyen las exposiciones también llenas de equivocaciones (Cabrera de Nevares, 1821, p. 19). Y más adelante se preguntaba de dónde procedía la incapacidad de haber adoptado medidas capaces de beneficiar a todas las partes y alcanzar la paz, atribuyéndola a la falta de datos e informaciones del gobierno y las Cortes (Cabrera de Nevares, 1821, p. 33). 65
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