La independencia inconcebible

católica, el periódico consideraba que estas ideas «son las dos máscaras con que se encubren las dos clases de enemigos más temibles del género humano: los anarquistas y los fanáticos [que] predican siempre sus funestas doctrinas al abrigo de estos prestigiosos encantadores». El desprestigio de la voz «libertador» se convirtió en un objetivo que debía ser alimentado por la conducta de San Martín y, también, por la de lord Cochrane. En El Universal se publicó una información en la que se anunciaba la disputa entre ambos líderes patriotas por la mayor parte del botín obtenido del supuesto saqueo de Lima emprendido por el ejército expedicionario: «la conducta que han observado Cochrane y San Martín desde que ocupan Lima es más propia de los capitanes de bandoleros que de los que tienen la petulancia de llamarse libertadores: están siempre en continuas reyertas sobre quien ha de robar más a los desgraciados europeos»62. El periódico de Madrid añadió que, además, San Martín se dedicó a engañar al pueblo limeño acerca de lo que estaba ocurriendo en la metrópoli con sus gobiernos liberales, a los que acusaba de perseguir el catolicismo. Así, el 6 de julio, «excitados por San Martín, varios frailes y monjas pidieron a gritos las cabezas de los españoles, sin duda porque el libertador había hecho publicar en la gaceta de oficio que la nación española perjura a la religión de sus padres, se había separado de la iglesia romana, y otras mil calumnias por el estilo»63. Los periódicos españoles recibieron con satisfacción los primeros datos obtenidos acerca del distanciamiento entre San Martín y Cochrane, que sin dudarlo interpretaron como una fractura de las «fuerzas invasoras» que debían aprovechar los realistas para contraatacar. En El Universal se resumió una carta particular del 28 de noviembre de 1821 en la que se anunciaba dicha primicia, que «trae su origen de haber el protector tratado a este [Cochrane] de cobarde; y añaden que de resultas se dirigía con toda la escuadra de su mando a Guayaquil o San Blas. Lo cierto es que estos jefes nunca han guardado la mejor armonía, y que es sumo el disgusto que se ha advertido entre la misma marinería y la tropa»64. Una carta obtenida de Toribio Acebal, presentado como secretario del virrey, y que fue difundida en Río de Janeiro, abundaba en la ruptura irreversible entre ambos líderes y resaltó que «Cochrane le dijo [a Acebal] que San Martín era un infame, que le pasó una esquela expresándole que mudase la bandera y que ambos serían solamente los árbitros del Perú, pero que él no estaba por esta perfidia, y que ya por buena cuenta le había tomado 80.000 pesos en plata»65. Todo lo que hasta aquí se divulgó sobre la ruptura entre 48

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