los periódicos no obviaron su importancia. Desde un principio, en las páginas de los medios impresos liberales, la actuación de la Expedición Libertadora fue calificada como una empresa conquistadora y sin ninguna posibilidad de lograr su objetivo por cosechar los invasores chilenos continuas derrotas. El Universal, por ejemplo, inició esta ofensiva discursiva cuando en junio de 1821 publicó las primeras noticias que obtuvo sobre la situación de Lima que procedían de las gacetas de Santiago de Chile y Buenos Aires. De la lectura de estas fuentes concluyó que no creía que la capital peruana hubiese sido tomada porque «en estas gacetas se publican las ventajas conseguidas por el ejército conquistador, exageradas sin duda por un general que desea inspirar a los suyos»58. En Cádiz se publicó en agosto una noticia procedente de Buenos Aires que comunicaba la sangrienta derrota de las fuerzas patriotas del general Álvarez de Arenales en la sierra central, «habiéndose desertado mucha gente a San Martín, y pasádose al de Ricafort», así como el apurado repliegue de un vencido y desconcertado San Martín a su cuartel general de Huacho59. Un mes después se destacó en el Diario Constitucional la absoluta falta de noticias sobre los expedicionarios de San Martín procedentes de Chile, que podía leerse «como una prueba de que van muy mal, a más de esto se observa que los más entusiastas patriotas hacen reflexiones muy tristes sobre la situación deplorable de aquel ejército; el cual se sabe, por conductos aunque no muy seguros, que se va disipando por su propia virtud, sin duda desengañado de que no es fácil tomar el cielo con las manos»60. Este discurso propagandístico triunfalista se canceló cuando se supo de la toma de Lima por el ejército expedicionario. A pesar de que en la prensa liberal española no pudo ocultar su malestar tras conocer la proclamación de la independencia del Perú en marzo de 1822, se mantuvo la fama de San Martín como un personaje carente de virtudes humanas y militares. El Diario Constitucional publicó que tenía en su poder una serie de proclamas y bandos publicadas por los jefes de los rebeldes apenas ingresaron en Lima y que «todos ellos no respiran más que odio y furor contra los españoles; hipocresía y astucia para encubrir la sed de oro y la ambición que los devora. Costará trabajo a la posteridad concebir cómo han podido alucinar a los pueblos de americanos, aventureros tan inmorales, tan pérfidos y tan hipócritas, hasta el punto de hacerles creer que eran sus libertadores»61. No obstante reconocerse en el mismo medio que el discurso de los patriotas proclamaba tanto la libertad como la defensa de la religión 47
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