La independencia inconcebible

en el que se denunció la siguiente definición de la carta política de 1812 hecha por El Depositario: «la Constitución publicada en Cádiz fue un aborto de la ignorancia y del desenfreno de nuestros diputados constituyentes […] Los diputados eran los constituidos en opresores y los españoles éramos los constituidos en la opresión y desastres. Firmado. Gaspar Rico». El Censor enfiló contra este personaje, al que tildó de «criminal» y «reo atroz», porque hizo todo lo posible para que en la época de Pezuela se resistiese el juramento de la Constitución. El artículo concluía con un pedido a las Cortes para que se impusiese a Rico la pena de extrañamiento debido a que no se podía tolerar «en una capital invadida por enemigos al perforador de la misma carta sagrada»51. La denuncia no prosperó y Rico, lejos de ser amonestado, se convirtió con la edición itinerante de El Depositario (sucesivamente, en Lima, Jauja, Cuzco y El Callao) en el más firme defensor de la vía represiva y vengativa del ejército realista contra los «disidentes». Ninguna información adicional se brindó a la opinión pública sobre la libertad de opinar o las elecciones de representantes a Cortes, diputaciones provinciales y municipales constitucionales en el sur andino52. Seguramente ello ocurrió así porque la correspondencia oficial y particular que dio cuenta de estos hechos en esos poblados nunca llegó a España. A principios de agosto El Universal anunció que varios pasajeros que salieron de Lima el 10 de marzo y llegaron a Cádiz en agosto refirieron que el ejército de La Serna, integrado por 8000 combatientes, «con una caballería de que podía competir con la mejor de Europa», ocupaba las provincias de Huamanga, Huancavelica y Jauja; mientras que otra división, al mando del general Ramírez, dominaba las alturas de la región costera comprendida entre Nazca y Arica. Seguidamente, se resaltaba que las armas «nacionales» estaban compuestas por españoles y naturales y que, debido a la «sabia conducta» de sus generales, experimentaban una escasa deserción. Ante este panorama los mismos testimonios no dudaban en aventurar que el plan para acabar con la ocupación de los «disidentes» de la capital peruana tendría el éxito asegurado porque «todo el intento del general Laserna es conservar el territorio de la sierra, impedir que se trabajen los minerales de Pasco y otros, para que Lima no tenga auxilios y mantener y reforzar su ejército hasta que alguna fuerza naval impida por las costas el auxilio que los enemigos pudiera recibir por mar, o su fuga a otros puntos»53. 44

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