que duraría tiempo. Unanue, en su Memoria presentada al Congreso en 1825, puso de relieve importantes vacíos e irregularidades contables en la gestión del presupuesto durante la época552; y José Larrea y Loredo y José de Morales y Ugalde, en sus respectivas Memorias presentadas en 1826, hicieron lo propio atacando con dureza la laxa política de donaciones y providencias que hicieron los administradores y la errática llevanza contable553. El descontrol también afectó a las operaciones exteriores. Si en lo económico el empréstito de Londres de 1822, firmado por el Congreso el 12 de marzo de 1823, había permitido nuevos bríos financieros, su opaca gestión limitó los efectos sobre una Hacienda exhausta. Las actas secretas del Congreso Constituyente registraron numerosas irregularidades en las gestiones del empréstito por parte de los comisionados (CDI, 1974, XV, 2, pp. 221-223, 252-252, 318-319, 322). Unanue aludió a una posible malversación y negligencia en la gestión del préstamo (Dancuart, 1902, I, p. 260) y Lynch nos describe a los comisionados García del Río y Paroissien como «amigos de confianza del Protectorado, que seguían activos en Londres, cobrando generosamente del préstamo que habían gestionado» (2009, p. 295). La desordenada administración del empréstito, que coincidió con la crisis bancaria que azotó la plaza de Londres, redujo considerablemente la capacidad de endeudamiento exterior y hubo que esperar a 1825 para la suscripción de un segundo préstamo británico. Con la severa derrota en la Segunda Campaña de Intermedios, en mayooctubre de 1823, se agotaron los estrechos márgenes financieros con los que contaba la naciente República. Y en el plano político, el Estado se hundía en una espiral de división política y debilidad militar. El ejército realista ocupó Lima en junio y julio de 1823 y a continuación Bolívar entró en la capital el primero de setiembre, siendo presidente de la República José Bernardo de Tagle y Portocarrero. El Congreso otorgó al Libertador poderes dictatoriales, aumentando con ello el grado de confusión política. Pero pronto el escenario se vería despejado. Si Riva Agüero, destituido por el Congreso e instalado con su gobierno en Trujillo, tuvo que tomar en noviembre el camino del exilio, Torre Tagle acabó en el Callao, reducto de los españoles hasta enero de 1826, donde murió en setiembre de 1825. Bolívar dispuso de todo el poder y articuló un eficaz grupo de colaboradores compuesto por José Faustino Sánchez Carrión, Manuel Lorenzo de Vidaurre, Hipólito Unanue, José María de Pando y 346
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