fue obligado a abandonar ambos cargos en marzo de 1822 debido al procesamiento abierto ante la Alta Cámara544. El decreto de 16 de marzo concretó los ceses fulminantes en la dirección del Banco y la Cámara de Comercio: Habiendo tenido a bien este Supremo gobierno suspender de sus empleos, por justas causas que han dado, el conde del Villar de Fuente, Don Manuel de Santiago, y Don Manuel Gaspar de Rozas, presidente, vocal y tesorero de la cámara de comercio, ha venido S.E. el Supremo Delegado en nombrar por decreto de 16 del presente mes en lugar del primero, al coronel Don Ignacio Palacios, en el del segundo, a Don Santiago Campos, y en el del tercero, a Don Fernando Dueñas. Separado por justos motivos el conde de Villar de Fuente del destino de director del banco de papel moneda, ha nombrado el Excmo. Sr. Supremo Delegado en su lugar al conde de San Isidro, por decreto de 16 de este mes (CDIP, 1974, XIII, 1, p. 105). La principal institución crediticia de Lima, viéndose intervenida y sin interlocución, manifestó un completo desinterés por el futuro del Banco y una creciente oposición frente al gobierno. Mientras, la Municipalidad de Lima no terminó por liberar los avales comprometidos en la operación bancaria y en agosto de 1822 el proyecto del papel moneda naufragaba con un gobierno al borde de la quiebra y las líneas de crédito cegadas. El papel moneda entró en una rápida depreciación y obligó a las autoridades económicas a buscar infructuosamente un grupo económico que pudiera llenar el vacío dejado por el Consulado545. La política de expoliación y confiscaciones, que por una parte había ensanchado temporalmente las bases fiscales del régimen, conllevó por otra la retirada del apoyo financiero de la élite mercantil española. Eran políticas con líneas incompatibles. Cuanto más se avanzaba en la confiscación más cerca se estaba del colapso del Banco Auxiliar de Papel Moneda, que terminó por hundirse en el verano de 1822546, aunque todavía tendría una larga agonía hasta finales de 1824. El fracaso del sistema fiduciario comprometió al conjunto del sistema hacendístico y, perdida la Hacienda, el gobierno estaba condenado. La expulsión del ministro de Guerra, Bernardo de Monteagudo, el 26 de julio de 1822, fue el prólogo de un fracaso anunciado. San Martín, tras el resultado de su entrevista con Bolívar en Guayaquil y una vez instalado el Congreso Constituyente el 20 de setiembre, dejaba el Perú. El final del régimen del Protectorado también significó la abrupta salida de Unanue del Ministerio de Hacienda en medio de un tenso debate 342
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