La independencia inconcebible

revelaba la arriesgada apuesta fiscal por parte del gobierno de sanmartiniano: Su primera máxima ha sido, no imponer contribuciones, y antes abolir las que existían en el régimen anterior. Compárense los impuestos actuales, con los que la junta de arbitrios propuso en 28 de abril de 1815, y se mandaron guardar en 29 del mismo, los que han subsistido casi en su totalidad, hasta que las armas de la Patria libraron a esta capital. De contado los reglamentos de comercio, han disminuido considerablemente los gravámenes indirectos, y han cesado también las contribuciones extraordinarias sobre réditos, predios rústicos y urbanos, fuera de otras que se establecieron en el plan de 1815. Si esta ha sido la conducta del gobierno en medio de sus más urgentes necesidades, es fácil graduar los límites a que se extenderá su liberalidad, si la guerra que sostenemos cesase de absorber nuestros recursos, y de frustrar la economía de nuestros planes (CDIP, 1974, XIII, 1, pp. 112-113)516. El «pacto patriótico», que venía a sustituir al caduco «pacto colonial», se concretaba en materia fiscal en un desordenado desmantelamiento falto de líneas maestras. Se abría una peligrosa puerta hacia el «empobrecimiento del Estado» (Salinas, 2011, p. 304) y el futuro de la nueva Hacienda, como ya habían puesto en práctica los virreyes, se decidió en comisiones consultivas. Asimismo, se avanzó en el proceso de privatización, depositando ciegamente las esperanzas de un importante estímulo en la recaudación vía consumos y aduanas. 2.2. Unanue, el imán del poder: de consejero virreinal a ministro de Hacienda Hipólito Unanue517 tenía ante sí el enorme reto de levantar las finanzas del Estado y estimular el crecimiento económico sobre los restos de una estructura colonial superada. El ministro esperaba aumentar la recaudación de la Hacienda, construir una marina, liquidar la guerra terrestre y fomentar la riqueza nacional, sin alterar el marco intangible de la vieja sociedad. Un objetivo imposible de cumplir como demostró la experiencia española a lo largo del sexenio fernandino (1814-1820). Unanue, a pesar de ocupar los más altos cargos de responsabilidad gubernativa en el ámbito económico y hacendístico, no disponía de una base teórica y formativa lo suficientemente sólida como para acometer con solvencia tan ingente tarea. En diversos pasajes el propio ministro reconocía sus importantes limitaciones en los asuntos económicos518, y repasando los fondos de su biblioteca personal, que aparecen recogidos en 332

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