La independencia inconcebible

oposición que los sectores influyentes de Lima mantuvieron frente al segundo constitucionalismo español (Peralta, 2011, pp. 737-744). El Trienio Liberal era ferozmente representado, por los periódicos editados en la capital y otras provincias, como un régimen de profundas raíces anticlericales y marcada hostilidad nobiliaria. La situación de estos habitantes se hace cada vez más violenta; la mayor agitación prevalece entre los nobles en consecuencia de la ejecución del art. 2º de la ley sobre el derecho de señorío. Esta ley arruinará a infinitos propietarios. En todas las fábricas de armas se trabaja con la mayor actividad514. El nuevo discurso, por una parte desmontó el liberalismo hispánico en el Perú, pero por otra replegó al Protectorado hacia posiciones tradicionales. El régimen desplegó una política conciliadora, con el objetivo de garantizar a una élite sumida en la indecisión, una base política estable con la que articular un territorio y una sociedad extraordinariamente diversos. Con la proclamación de la independencia el 28 de julio de 1821 en la Plaza de Armas de Lima se cerraba un frágil acuerdo entre buena parte de la élite limeña, la alta burocracia y las nuevas autoridades, en base a la defensa del viejo sistema jerárquico. La obstinada política acomodaticia de las nuevas autoridades, junto a las actitudes políticas de los grupos dominantes, fijó un marco inadecuado dentro del cual hubieron de moverse los intentos de reforma de la Hacienda515. El gobierno tropezó con la resistencia de las élites, que dificultaba la percepción de los ingresos que necesitaba para atender a unos gastos crecientes. Si no lograba vencerla, no le quedaba otra salida que, o bien transferir la carga creciente sobre los hombros de las clases populares, o resignarse a la impotencia. La grave situación fiscal no era nueva. Como ya se ha planteado, en el lado español los virreyes comenzaron a introducir transformaciones cuando el régimen colonial empezó a resquebrajarse. En el Protectorado el gobierno hubo que articular nuevos consensos con los grupos influyentes que conjugasen el triple objetivo de evitar posibles embates revolucionarios, hacer frente a la amenaza militar y conservar las posiciones privilegiadas. El proceso implicó un serio repliegue hacia el pasado. En el Perú independiente se desechó una posible línea a explorar, la de avanzar hacia la reforma liberal tomando como base el plan de Abascal de 1815. Se caminó en una dirección opuesta, el desarme fiscal desnortado y la permanencia de una estructura disminuida sin cambios sustanciales. La nota emitida por el Ministerio de Hacienda en la primavera de 1822 331

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