territorial, con las concesiones a la realidad, como en el caso de la contribución de indígenas y castas, que procuraba integrar tributariamente a la población al margen, o poco vinculada, a la economía monetaria (2002, p. 144). Ahora bien, si por una parte el plan evitó el colapso financiero del régimen virreinal mejorando el comportamiento fiscal de los principales rubros de ingresos, por otra, fue incapaz de corregir la tendencia hacia la quiebra que marcaban el déficit y la deuda. Asimismo, el impulso reformista, tímido eco de los debates gaditanos, que orientaba cambios radicales en la estructura fiscal gravando sobre la riqueza afincada en grupos influyentes, tuvo un parco desarrollo fiscal508. En conclusión, el proyecto de 1815 comprendía interesantes apuntes reformistas aunque el perfil heterogéneo de muchas de sus medidas limitó el alcance de la iniciativa. Si bien las rentas fiscales para 1817 se incrementaron en un millón de pesos con respecto a 1814, dicho ejercicio era poco representativo cuando marcó el mínimo de recaudación de todo el período colonial tardío. Cuanto más se avanzó por este camino, mayor fue la urgencia de nuevos préstamos y donativos por parte de corporaciones privadas y grupos económicos. Estos a su vez conseguían contrapartidas renovadas que debilitaban aún más una estructura fiscal cada vez más erosionada. Cuando la Independencia se proclamó en 1821, el proceso estaba muy avanzado. Quiroz señaló poderosos intereses que reforzaron en el tiempo la dinámica descrita: La inversión en imposiciones sobre la Hacienda real protegía hasta cierto punto los caudales privados. Además el Estado había […] forzado tales imposiciones. Mediante esta presión el estado en la colonia, aparte de agenciarse los fondos que necesitaba, garantizaba además que los capitalistas locales permaneciesen fieles […] La élite colonial […] además tenía interés [en una] mayor autonomía y dominio local, sobre todo a nivel financiero […] Estas fueron también razones poderosas para prestar a un Estado necesitado (1993b, p. 139). La última década virreinal se desenvolvió en una continua tensión entre la suficiencia financiera y la negociación político fiscal en un escenario general de simultáneo debilitamiento, tanto de la figura del virrey como de las referencias peninsulares. Prueba de ello fueron las dificultades con que chocaron las autoridades virreinales en su intento de convertir al virreinato en economía de guerra509. Las palabras del prior del Consulado al virrey Pezuela, el 28 de febrero de 1820, con motivo de la solicitud por parte de 326
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