El primer comité asesor en crearse fue la Junta de Tribunales de 1811, a la que siguió la Junta de Arbitrios, responsable del plan de 1815, y la Comisión Permanente de Arbitrios de 1816. Los ciclos de guerras azuzaban a una mayor presión fiscal, pero tres graves obstáculos impedían un recorrido en paralelo de los ingresos y los gastos: el estancamiento económico y demográfico, un sistema fiscal con claros síntomas de rendimientos decrecientes y una autoridad virreinal frecuentemente desbordada. La estructura fiscal se convirtió en un sistema inelástico en cuanto a los ingresos, alejándose progresivamente de los niveles de recaudación de fines del siglo dieciocho, mientras los gastos en defensa no pararon de aumentar. Prueba de ello fue la pérdida aproximada de un millón de pesos en el volumen de ingresos en promedio anual entre la primera y la segunda década del siglo diecinueve, pasando de cerca de seis millones a poco más de cinco millones de pesos, incluyendo contribuciones y préstamos. Por el contrario, el ascenso de los gastos militares fue vertiginoso hasta alcanzar la cifra, incluyendo los situados, de 3 275 000 pesos, lo que vino a representar un aumento de más del 200% con respecto a 1800 (Fisher, 2000, pp. 136-138; Contreras, 2002, pp. 126130). La situación se cerraba en falso año tras año, con déficits ocultos en las cuentas generales de las Cajas Reales. La errática y opaca contabilidad durante el último período colonial ayudó a camuflar el crónico déficit fiscal (Flores Guzmán, 2010, p. 365). Por una parte, los gastos no cubiertos no se reflejaban en los informes oficiales, y por otra, figuraban como ingresos empréstitos, préstamos y donativos que rara vez se materializaban en su totalidad y que permitían equilibrar artificialmente los balances contables. Según Anna, el déficit fiscal correspondiente al ejercicio de 1812 ascendió a quinientos mil pesos, alcanzando la deuda un monto total de doce millones de pesos. Más tarde, en 1814, el déficit se elevó a más de un millón y medio de pesos, empujando a la deuda hasta los veinte millones de pesos en 1820 (2003, pp. 151 y 201). El plan de 1815 merece un detenido análisis. La reforma fiscal de Abascal intentó efectivamente frenar el proceso de decadencia de la Hacienda colonial. En palabras de Carlos Contreras: La reforma fiscal de Abascal, de 1815, fue el gran cimiento sobre el que se erigieron las finanzas peruanas del siglo XIX hasta que advino la revolución del guano […] Esa reforma combinó los nuevos elementos del liberalismo fiscal, a través del impuesto a las ganancias financieras y a las derivadas de la propiedad 325
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