posibilidad de una presencia militar de entidad en el Atlántico. La política de venta de licencias para expediciones neutrales desde puertos europeos y estadounidenses evidenció la resignación española, y supuso el último escalón antes de la pérdida definitiva del comercio ultramarino. A partir de 1814 el Imperio sucumbía sin fuerza ni dinero, la desobediencia americana tornó en independencia y el comercio americano quedó expedito para buques extranjeros. El virreinato del Perú, último bastión realista en la América continental, representó el capítulo final del complejo proceso de desarticulación comercial. El poder económico sustentado sobre la actividad minera, la firmeza del Consulado de Lima, la relativa eficacia administrativa por parte de los virreyes y un más estrecho control del contrabando, solo retrasaron el final de un sistema comercial condenado a la misma suerte que el Imperio sobre el que se sustentaba507. Gráfico 3. Exportaciones de España al puerto del Callao Fuente: Fisher, 1993, p. 96. En definitiva, la economía del virreinato, a las puertas de la Independencia y tras un prolongado ciclo de guerras, mostraba claros síntomas de estancamiento, a través de un aparato productivo con tendencia decreciente y un sistema comercial dislocado. El gobierno del Perú independiente, en el objetivo de alzar un sistema de Hacienda Pública que hiciese viable al nuevo Estado, debía tener muy en cuenta la precaria coyuntura económica y afrontar con precisión las necesarias reformas. 1.2 La deriva de la Real Hacienda en el último período colonial 321
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