oficial sumándose de forma natural al torrente exportador camino a un mercado internacional sediento de plata (Cipolla, 1999, pp. 91-117). Gráfico 2. Amonedación de plata registrada en la Real Casa de la Moneda de Lima, 1789-1821 Fuente: Moreyra & Paz Soldán, 1995. La red monetaria y financiera del Imperio, constituida por los centros mineros, las Cajas Reales, las Reales Casas de Moneda y el Tribunal del Consulado, conformaban un conglomerado institucional cuya lógica de funcionamiento obedecía fundamentalmente a intereses tradicionales. Por una parte, la Corona, principal protagonista del drenaje exterior, subordinaba su actuación a la maximización de las rentas americanas que permitían tanto el sostenimiento de la onerosa política militar y diplomática en Europa como la pervivencia de una amplia estructura políticomilitar en Ultramar a través de los situados (Prieto & De Haro, 2004, 2010, 2012; Espinosa Montero, 2001; Suárez, 2001; Marichal, 1999). Por otra parte, los agentes económicos y comerciales, comprometidos en la defensa de la organización mercantil de carácter monopolística basada en elevados beneficios obtenidos de un mercado de tamaño pequeño que requería de voluminosas salidas de capitales, operaban de forma parecida a la propia Corona. El virreinato del Perú, junto a Nueva España, desempeñaba la función de un gran corazón bombeando liquidez al servicio de una Europa en pleno proceso de transformación y un espacio asiático con una relación de equivalencia oro/plata que actuaba a modo de imán sobre toda la plata presente en el circuito monetario internacional505. 318
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