marítimas que mucho antes y de manera incesante había pedido el general Pezuela»18. Pezuela descalificó los justificantes de los firmantes del manifiesto de Aznapuquio y resumió en una frase el significado del acto de destituir a la autoridad del Perú: «los citados jefes han hollado las leyes, cometido un atentado escandaloso contra la ley fundamental de la monarquía y un crimen de insurrección militar del más funesto influjo para la conservación de la América»19. Seguidamente, resumió y se impuso desmentir en diecisiete argumentos el manifiesto de Aznapuquio. Entre estas destacaban: 1) reivindicar la escrupulosidad con que se manejó el virrey depuesto en la distribución de las exacciones económicas atendiendo a la situación crítica que se vivía; 2) recalcar que, lejos de la pasividad de la que se le acusaba, el virrey estuvo enterado en todo momento por sus agentes del proyecto de San Martín de invadir el Perú y del desplazamiento de sus fuerzas tras el desembarco en Pisco; 3) enfatizar que en todo momento el exvirrey tuvo en consideración que la obtención de recursos no se lograría con providencias enérgicas, sino más bien respetando los derechos; y, por último, 4) reafirmar que la intachable conducta de los hombres que rodeaban al gobierno pezuelista imposibilitaba acusarles de cualquier sospecha de infidelidad. Por el contrario, Pezuela enfiló contra La Serna y le responsabilizó del yerro en los pagos de las tropas de Lima y el Alto Perú que condujeron al descontento y las deserciones. Igualmente, responsabilizó al general Valdés, otro firmante del pronunciamiento, de la deserción del batallón Numancia porque «en su retirada se adelantó con la caballería y dejó dos leguas a retaguardia el batallón de cuya coyuntura se valieron algunos oficiales para llevarlo sin riesgo al enemigo». Por todo lo anterior, Pezuela concluyó que los «figurados cargos [del manifiesto de Aznapuquio] no tienen más fundamentos que la malicia de los acusadores» y que el atentado contra la autoridad del virrey «ha infringido y hollado del modo más escandaloso la Constitución, en la época de su restablecimiento y las leyes civiles y militares»20. Ante el temor de que la carta de Pezuela deteriorase la figura del flamante virrey del Perú ante la opinión pública española, la réplica no tardó en ser redactada por Valle Umbroso y Seoane y se publicó en El Espectador a principios de 1822. En la misma ambos se impusieron defender: 30
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