La independencia inconcebible

Las razones para escoger a uno u otro diputado fueron múltiples, pero baste para nuestra línea argumental traer a colación el caso del Ayuntamiento constitucional de Cajamarca, que certificó el 2 de agosto de 1813 la confianza que le merecía el diputado y deán Gregorio de Guinea debido a «su carrera literaria y estado eclesiástico», pero sobre todo por «sus conocimientos prácticos y especulativos de todas las ciudades, villas, lugares, haciendas, minerales, caminos, valles, ríos, cordilleras y montañas que personalmente ha visitado, examinado y reconosido»428. El ejemplo nos sirve de muestra para constatar cómo su percepción de la provincia se convirtió en el mayor mérito que se podía exhibir y quién mejor que un cura que había recorrido hasta el último confín regional en el transcurso de su carrera eclesiástica, acumulando un amplio conocimiento de los paisajes y la gente que los habían transformado. La mayoría de los diputados electos en 1813 solo disfrutaron de sus curules durante uno o dos meses de 1814. Ello no impidió que se manifestaran desde sus escaños en defensa de los intereses regionales o que acudieran a instancias gubernativas para lograr los fines que se les habían impuesto, como hizo el diputado por Huamanga, Martín José Mujica, a quién las Cortes concedieron permiso para «para acercarse al Gobierno y tratar asuntos relativos a su provincia en Ultramar»; y, en su calidad de portavoz del gobernador e intendente de Huancavelica, Juan Vives Echeverría, quien expuso directamente en sede parlamentaria la ruina de la minería regional, un tema que se acordó transferir de urgencia a la Comisión de Ultramar429. Asimismo, Tadeo Gárate defendería los intereses de Puno desde su escaño en su discurso de 29 de agosto de 1813. En él se ceñía a lugares comunes tales como dar muestras de lealtad al cautivo Fernando VII y de adhesión a la nación española, que «fue reengendrada por la España europea en los principios de la verdadera sociabilidad, y le trajo la religión sacrosanta que profesa», insistiendo en que le movía una voluntad política «para que mi juicio prudente y acertado no nos conduzca al precipicio en tiempo de tanta revolución, y se nos evitasen los males que padecen los pueblos del distrito de Buenos Aires». A continuación describía ante a un auditorio, ajeno en su mayoría a la realidad andina, las características del altiplano en torno al lago Titicaca, donde se acababan de «españolizar» 200 000 de sus 230 000 habitantes. Se extendía en las particularidades de su agricultura y sobre todo valoraba el potencial minero argentífero de Lampa, Cancharani, San Antonio de Esquilache, y el aurífero de Carabaya. Luego, presentaba una amplia 277

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