establecidos por diversas diputaciones provinciales peninsulares para cubrir la financiación de los ayuntamientos. Y para terciar, si bien se volvía a defender la oportunidad de sus propuestas, se sugería la suscripción de un donativo voluntario entre los ciudadanos, que sería recaudado en la capital por el jefe político de la provincia y en los partidos por los respectivos subdelegados418. El expediente volvió al fiscal Mujica que, en enero de 1823, contestó taxativamente que ya había pasado la oportunidad del viaje para los diputados, sin que se supiera cuándo podrían hacerlo los que deberían elegirse para el bienio 1824-1825. En consecuencia, no había ninguna razón para actuar con celeridad, mostrándose partidario de sopesar detenidamente los pros y contras. En el fondo llamaba la atención sobre la inconveniencia de imponer nuevas cargas fiscales o innovar en determinados usos y costumbres sin evaluar en qué medida podrían complicar una coyuntura ya de por sí convulsa, cuya resolución era incierta. En sus palabras, «una de dos o prevalece la Nación, o prevalece la impropiamente titulada Patria». Cuestionaba que se gravara a los ciudadanos con excesivas contribuciones bajo el supuesto de que ello añadía dificultades a las ya existentes en tiempos de guerra y porque, si esta no era favorable, los fondos acumulados beneficiarían, en última instancia, a la «Patria», expresión con la que se refería a los independentistas419. En mayo de 1823 La Serna se dirigía a la Diputación Provincial del Cuzco mostrando su enojo por su incapacidad para elaborar un plan plausible que cubriera las dietas de los diputados, y más cuando las «decadentes y atrasadas provincias de Tarma, Huancavelica y Huamanga» lograron recursos suficientes que habían permitido que los diputados se incorporaran a las Cortes o estuvieran prontos a hacerlo, como en el caso de Tarma, «disfrutando los beneficios que reporta un apoyo tan eficaz y necesario para promover y fomentar la felicidad de las provincias». Llegó a acusarles de no cumplir con su deber, lo que «da poca idea de su patriotismo y del interés que le asiste en que la Provincia tenga sus representantes en la Soberanía Nacional», por lo que les ordenaba «que dejando de un lado discusiones escolásticas de raciocinio estéril y de inútil pasatiempo, concrete sus ideas y conatos a una precisión puramente lógica y geométrica, es decir facilitar medios positivos para que los Diputados marchen sin la menor demora»420. Antonio María Álvarez, jefe político superior del Cuzco, fue aún más taxativo y les reconvino en junio de 1823 273
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