En otros casos, las dilaciones en los pagos o los cargos por la prolongación de su estancia en la Península llevaron a largas negociaciones con los cabildos. Así le sucedió a Martín José de Mújica, quien presentó una cuenta por dietas de 4832 pesos en 1817 al cabildo de Huamanga, que se comprometió a pagar en cuotas mensuales a su esposa en la medida de sus posibilidades. Mújica se había incorporado a las Cortes el primero de abril de 1814, y aunque estas fueron disueltas el 10 de mayo de 1814, seguiría unos meses más en la Península en defensa de las instrucciones del cabildo ante el Consejo de Indias392. Pasando a las contingencias que se produjeron en 1820, el retorno al liberalismo comportó la reedición de las soluciones adoptadas en 1810, a las que se sumaron las implementadas para afrontar las circunstancias económicas derivadas del régimen representativo restaurado. Los diferentes implicados habían aprendido de la experiencia previa, como mostró el caso del diputado suplente Miguel Lastarría. Este solicitó que se le reconocieran y abonaran las dietas devengadas a partir de la fecha de su poder en 15 de junio de 1820, mientras no se creaba la Tesorería especial de las Cortes, según orden de 25 de agosto de 1820393. El ministro de Hacienda, José Canga Argüelles, aprobaba su abono hasta el 15 de octubre de 1820, si bien habría de esperar a mediados de 1821 para que se le reconocieran definitivamente sus derechos, así como a Antonio Xavier de Moya y Nicolás Fernández de Piérola394. Lo expuesto hasta aquí relativo a los problemas de financiación de los diputados electos en el Perú, volvió a ser la tónica cuando en 1822 el virrey La Serna ordenó a todos los diputados a las Cortes electos embarcar en el buque Telégrafo en Quilca. Entonces las dificultades para financiar a los diputados provinciales volvieron a situarse en el centro del debate. Pero habían cambiado los actores y el procedimiento. El 18 de abril de 1822 llegaba al Cuzco uno de los cada vez más espaciados correos con noticias oficiales de la Península, en el que se informaba, entre otras muchas cuestiones, que las Cortes habían reconocido el derecho de que se constituyeran diputaciones provinciales en cada una de las «Intendencias de provincia» de Ultramar395, con sede en su capital396. Ello dio lugar a la disolución de la Diputación Provincial del Cuzco y a un nuevo proceso de elección de diputados provinciales y a la constitución, en torno a junio de 1822, de dichas instituciones en Arequipa, Cuzco, Huamanga, Huancavelica, Puno y Tarma (Sala i Vila, 2011, pp. 693-728). Por primera vez coincidía la circunscripción electoral con la institucionalidad política 267
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