Muzzo (1999). 117 Aún en ese estado de desconcierto, en el Perú realista se gobernó siguiendo las pautas de la reimplantada Constitución de 1812 y aplicando las reformas del segundo liberalismo (Sala i Vila, 2011, pp. 693-728; 2012, pp. 423-450). 118 Fue pionero Paz Soldán (1868, p. 68), que presentaba a un virrey «aturdido» por los progresos del Ejército Libertador y por las dificultades que suponía la jura de la Constitución, de forma que «no atinaba a tomar ninguna medida eficaz, ni había formado un plan fijo y seguro para sus operaciones». En la biografía ciclópea de San Martín, Otero (1932, pp. 64-97) consideraba Miraflores como un acto de diplomacia que abrió caminos alternativos a la violencia. Pezuela fue diplomático al acudir a la negociación, pero más lo fue San Martín no rechazándola. A partir de una puesta a punto de lo ya publicado, Pons Muzzo (1999, p. 20) subía un peldaño en la magnificación de San Martín, si bien reconociendo que no promovió las negociaciones, que fueron iniciativa de los últimos virreyes. 119 Anna (2003, pp. 214-215) incide en cómo las instrucciones para negociar se sumaron como un problema añadido a los muchos que tenía Pezuela, agobiado por la vuelta al constitucionalismo y por la presión de los militares y los notables de Lima; Albi (2009, pp. 262-264) es contundente en su valoración: fue un asunto tangencial, «una partida de cartas entre tahures, ninguno se fiaba del otro y los dos tenían el mismo objetivo, ganar tiempo». Distinta es la aproximación de Laserna (2012, pp. 115-131), que les da una importancia capital, aunque en esta monografía, cuando trata al Perú, reproduce lo ya publicado anteriormente (2010, pp. 199-214). 120 Es sabido que conocía los cambios políticos que se habían producido en España desde el levantamiento de Riego a través de los buques que arribaban al Callao, de gacetas y hasta del conde de Casa Flores, representante del rey en Río de Janeiro (Pezuela, 1947, pp. 716-732). 121 La real orden iba personalizada a cada uno de los virreyes y capitanes generales en América, atendiendo a la situación por la que pasaban sus demarcaciones. Copia en AGI, Indiferente General 1568; también en CDIP (1971, VI, 3, pp. 2-6). 122 Se publicaba de orden de este gobierno, en Lima, en la Casa de los Niños Expósitos el año 1820. Al tratarse de un impreso, copias del Manifiesto se encuentran en distintos repertorios. Reimpreso, entre otros, por José Agustín de la Puente Candamo en la CDIP (1976, XIII, 2, pp. 1-50), que añade documentos del Archivo Pezuela y que es el documento que se utiliza en este trabajo y cuya paginación se sigue. También hay copias en el AGI, Indiferente General 313. Entre las digitalizaciones, ver Biblioteca Digital Hispánica. Algunos documentos se reproducen en García Camba (1846), Paz Soldán (1868), conde de Torata, III doble (1896). El Manifiesto no agota la documentación de Miraflores que, en lo que se refiere a Pezuela, se encuentra en el Archivo Pezuela, de la Biblioteca Menéndez y Pelayo. 123 «Joaquín de la Pezuela al Excmo Sr. D. José de San Martín». Lima, setiembre 11 de 1820 (Manifiesto de 1820, 1976, pp. 13-14) y Pezuela (1947, p. 758). 124 «Oficio de Pezuela a San Martín». Lima, 19 de setiembre de 1821. Biblioteca Menéndez y Pelayo. Archivo Pezuela: Conferencias de Miraflores y correspondencia con el general enemigo; también en CDIP (1971, VI, 3, pp. 63-65) y en Laserna, (2010, pp. 200-201). 214
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