La independencia inconcebible

A pesar de las dificultades de comunicación, La Serna y los ministros del gobierno con mayor implicación en los asuntos del Perú cruzaron correspondencia. Cuando ya había iniciado el cumplimiento de las instrucciones entregadas por Abreu y había procedido a formar la Junta de Pacificación, se dirigía al ministro de Guerra el 8 de abril de 1821 y le ponía en antecedentes sobre la falta de recursos para mantener a las tropas y atender a los demás gastos. Por eso se había visto obligado, a pesar de sus ideas, a permitir la introducción de géneros extranjeros y a que estos mismos comerciantes sacaran la mitad del valor de su cargamento en plata, pagando los correspondientes derechos. Sabía que eso era contrario a lo decretado por el Supremo Congreso Nacional, pero era necesario para conservar las provincias. Informaba que hacía seis días había llegado solo el capitán de fragata D. Manuel Abreu, designado por S.M. para pasar a Chile a tratar con los jefes disidentes, ya que al parecer el segundo comisionado, el brigadier Rodríguez Arias, había regresado a la Península por razones de salud desde Cartagena de Indias. El propio Abreu «se vio obligado» a desembarcar a cien leguas de San Martín, que estaba en Huaura, donde pasó unos días antes de trasladarse a la capital con la esperanza de que se hiciera un armisticio como el que Morillo y Bolívar habían firmado en Costa Firme. La Serna no ocultaba su escepticismo sobre las posibilidades de un acuerdo, porque conocía el carácter de San Martín «y de sus secuaces», así como la tendencia de la población a la independencia, un argumento idéntico al que, paradójicamente, puesto en boca de Pezuela, le había parecido entonces muy criticable por falaz e inverosímil. Seguiría las órdenes peninsulares, pero ya advertía que el único modo de conservar el Perú era que el gobierno enviara recursos marítimos331. El 27 de abril volvía a escribir al ministro de Guerra para anunciarle que enviaba comisionados con documentos en el bergantín Maypú332 y que había invitado a San Martín a negociar, quedando a la espera de que se fijara el día y el lugar. Le parecía significativo que el general le hiciera llegar un periódico con la misma fecha de su aceptación en el que se negaba a reconocer la Constitución. La Serna creía que a lo más que se podría llegar era a un armisticio, aunque con dificultades para su ejecución (Torata, 1986, III doble, pp. 257-259). Las muestras de reticencia de La Serna hacia la negociación se multiplicaron. El periódico patriota El Pacificador del Perú insertaba una «Proclama del virrey a los habitantes del Perú», fechada en Lima el 4 de 198

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