La independencia inconcebible

través de sus cartas reservadas de 11 de setiembre y 19 de octubre, las diligencias que había practicado para «transigir pacíficamente con el disidente San Martín, cumpliendo con lo que a V.E. se prevenía en la R.O. de 11 de abril del año próximo pasado, y S.M. me encarga que diga a V.E., como lo ejecuto, que merecen su real aprobación las medidas adoptadas por V.E»329. Pero Pezuela viviría un retiro que se prolongaría en tiempos de la década ominosa a pesar de su profesión de absolutismo y el apoyo explícito a Olañeta. 4.2. Las reticencias de La Serna: «el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento» El escenario de Punchauca era diferente al de Miraflores. Tras Aznapuquio, el virrey y los altos oficiales que le habían encumbrado se prepararon para la guerra, tomando la decisión de abandonar Lima y defender, en mejores condiciones desde la sierra, la causa del rey. Pero sus planes se vieron interrumpidos por la llegada inoportuna del comisionado regio Manuel Abreu. Se abría una nueva etapa negociadora ante la contrariedad de los militares, algunos notables y del propio virrey. San Martín, alerta y con la experiencia adquirida en Miraflores, se mostró conciliador, pero más exigente por su más estable posición militar y porque la opinión favorable a la independencia progresaba adecuadamente. Contaba con información privilegiada sobre la situación de Lima: las enfermedades que afectaban a la población civil y a los soldados, el hambre y hasta el «miedo a la Patria», como recogen Flores Galindo (1984, pp. 213-229), Sánchez (2001, p. 243) y Mera (2005). La Serna tenía formado su criterio antes de negociar en Punchauca. El 7 de abril de 1821, coincidiendo con la segunda campaña de Arenales, escribía a Mariano Ricafort y Jerónimo Valdés una nota que fue interceptada por los disidentes en la que les confiaba que iba a negociar con el general San Martín, y como no le parecía que se pudiera llegar a ningún avenimiento, creía oportuno tomar medidas. Entre otras, le interesaba ocupar a la mayor brevedad las subdelegaciones de Tarma y Jauja y, al menos, amenazar el Cerro de Pasco. Había que maniobrar con celeridad, puesto que las negociaciones podrían empezar entre el 15 y el 18330. 197

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