La independencia inconcebible

comisión de tamaña importancia y trascendencia», lo que podía ser interpretado como un desprecio por los «enemigos orgullosos». Abreu tenía además la desgracia de no poseer mucho atractivo personal, no gozaba de la mejor salud y se portaba y vestía con tanta llaneza que dio ocasión a los bufones a ridículas comparaciones. Desde su animadversión a Bolívar, interpretaba los acercamientos de Riva Agüero y Torre Tagle a los realistas como movimientos que el Libertador supo capitalizar para desgastar al «partido peruano» y ejercer así el poder dictatorial, con el respaldo de las tropas colombianas. Tras la derrota de la segunda expedición de Intermedios, Bolívar forzó desde Trujillo el reconocimiento del marqués de Torre Tagle como presidente, y Riva Agüero tuvo que admitir su situación precaria. A finales de setiembre de 1823, Riva Agüero se había dirigido a La Serna, a través de Lóriga y Canterac, para enviarle una copia de la Convención Preliminar, firmada en Buenos Aires, en la que se proponía la adhesión del Perú. Le parecía conveniente negociar con los españoles a través de su comisionado, el coronel Remigio Silva. Los pliegos con la invitación los llevó a la base realista un oficial europeo, llamado Heros, que desveló que Riva Agüero quería sellar una alianza con el virrey y en contra de Bolívar. La Serna le ofreció por conducto de Silva un encuentro personal, siempre y cuando no se tratara el reconocimiento de la independencia y no interviniera ninguna nación extranjera, porque así lo disponían las instrucciones del gobierno que le había entregado Abreu. La comunicación, finalmente, fue interceptada por los partidarios de Bolívar (Camba, 1846, II, pp. 83-86; Albi, 2009, p. 486). El tiempo reservaba a García Camba un nuevo cometido en una tentativa de negociación, para cuya explicación compleja acudía al Manifiesto del marqués de Torre Tagle sobre algunos sucesos notables de su gobierno, fechado el 6 de marzo de 1824 en la Lima ocupada por los realistas, de la que García Camba era además gobernador interino en ese momento. El origen estaba también en relación con la Convención Preliminar, con la llegada a Lima del enviado de Buenos Aires, Félix de Alzaga. Según García Camba, la firma había sido producto de la política de transacciones acometida por el gobierno para pacificar las provincias de Ultramar, posiblemente porque en España no se conocía la realidad americana. Pero, como hacía cuando se presentaba la ocasión, aprovechaba para elogiar a La Serna, poseedor «de los sentimientos más nobles» y la «fidelidad más acendrada a los intereses y al honor de su patria y de su rey». 190

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