La independencia inconcebible

de las negociaciones de Punchauca, y, junto con Valdés, le trasladó la negativa del virrey a aceptar la solución monárquica en el reconocimiento de la independencia. El 25 de junio, precediendo a La Serna, estuvo junto a Canterac en la salida de tropas de Lima. Intervino en las campañas de Intermedios a las órdenes de Valdés. Acompañó a Canterac en la ocupación de Lima en junio-julio de 1823 y se hizo cargo del gobierno interino de Lima durante la ocupación española de 1824, hasta que el virrey ordenó su traslado al Cuzco. Estuvo en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824 y, tras la capitulación, acompañó al virrey al puerto de Quilca, aunque no regresó con él pues un destino imprevisto lo condujo a Filipinas, a donde llegó el 4 de abril de 1825 y permaneció durante diez años. No siguió, por tanto, la suerte de sus compañeros de armas durante la década ominosa. Regresó en 1835, al ser nombrado procurador por Filipinas a las Cortes. Desde entonces su trayectoria es una sucesión de cargos, que le dan una presencia pública que no se corresponde con la escasa atención que ha recibido por los especialistas319. García Camba formaba parte del grupo que criticó la conducta de Pezuela en Miraflores, estuvo en Aznapuquio y en Punchauca, y en 1824 fue comisionado por Canterac para negociar con el enviado de Torre Tagle, Juan de Berindoaga. Sus Memorias del general García Camba para la historia de las armas españolas en el Perú, editadas en 1846, que desarrollaban lo ya publicado en la Lima reconquistada, Apuntes para la Historia de la Revolución del Perú: sacado de los trabajos del Estado Mayor de Operaciones (1824), son las primeras crónicas de un testigo realista de la guerra de la Independencia del Perú, donde además se aportan otros testimonios de primera mano para reconstruir las negociaciones desde esa perspectiva. Miraflores merecía a García Camba (1946, I, pp. 337-338; 1824, p. 8) un comentario general, pero atinado, por cuanto atribuía la iniciativa a «las prevenciones de la Corte», que el virrey siguió al proponer a San Martín un acomodamiento pacífico sobre la base de la Constitución. Proporcionaba los nombres de los comisionados y concluía que «no se adelantó nada, porque los enemigos establecían por base el reconocimiento de la independencia, y San Martín lo utilizó para extender la seducción por el país y combinar un plan de operaciones que diera a la revolución el impulso que se proponía». Sí entró de lleno y con resolución en las negociaciones de Punchauca, arremetiendo muy duramente contra el comisionado regio Abreu, que paralizó durante un tiempo la operación de 188

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx