La independencia inconcebible

que los disidentes presentaran sus demandas al Congreso Nacional. Pero San Martín se había obstinado en exigir condiciones que ellos no tenían facultad de atender, y que les habían obligado a recurrir a las armas. Por último, sobre la proposición de entrar en negociaciones, reiteraba que no estaba facultado por el virrey, pero que le trasladaría la oferta confiado en los sentimientos liberales que le animaban315. La Serna, en nota a Canterac fechada en el Cuzco el 10 de enero de 1822, acusaba recibo de la documentación donde San Martín le pedía que entablara nuevas negociaciones. Y lo hubiera hecho «si la experiencia de las anteriores en Punchauca no me hubiese acreditado la obstinación en exigir condiciones que no estaban en la esfera de mis facultades, ni compatibles con el honor nacional, y que no hay un verdadero deseo de parte del expresado General, ni menos de conciliar y consolidar tan justo objeto». Por eso prefería retraerse, aunque Canterac podía solicitar a San Martín que expusiera los términos de esas posibles negociaciones, siempre que no fueran los que ya había planteado, porque ante todo estaba el cumplimiento de las órdenes recibidas de la Península316. Canterac estaba en el cuartel general de Huancayo cuando el 26 de enero de 1824 llegaba a Jauja Juan de Berindoaga, comisionado del presidente de la República, Torre Tagle, con instrucciones de tratar la posible adhesión a la Convención Preliminar, convenida en Buenos Aires el 4 de julio de 1823. Llevaba la propuesta velada —que no se explicitaría— de que, en caso de que los realistas no se acomodaran, se debía negociar con ellos ya en nombre del gobierno peruano. La intervención de Canterac se limitó a nombrar comisionado para un encuentro sin consecuencias a Juan Lóriga, a quien acompañaría Andrés García Camba. Gerónimo Valdés fue uno de los oficiales que acompañaron a La Serna en 1816 cuando viajó para asumir el mando militar del Alto Perú. Sería su hombre de confianza y su valedor, tanto en el Perú como en España. Estaría a su lado en el pulso que sostendría con Pezuela, que se enconaría con la llegada de San Martín, y fue uno de los participantes en el pronunciamiento de Aznapuquio. Fue decisivo en la derrota de las tropas patriotas durante las dos campañas de Intermedios, y al frente del Ejército del Sur sometería a lo largo de 1823 a las «republiquetas» del Alto Perú. Allí tendría que hacer frente a la sublevación de Pedro Antonio de Olañeta, con el que sellaría el Tratado de Tarapaya, nunca cumplido por el «traidor». Cuando le ganaba terreno en el campo de batalla, recibió órdenes de unirse a Canterac, derrotado en Junín en agosto de 1824. 186

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