de los órganos políticos, altos oficiales participaban en juntas consultivas y de guerra que, de hecho, definían las líneas a seguir por los virreyes. La pusilanimidad con la que Pezuela se comportó en Miraflores estuvo entre las razones del pronunciamiento de Aznapuquio. Tres de los firmantes del Manifiesto, Canterac, Valdés y García Camba, tuvieron un papel activo en los procesos negociadores. Si en Miraflores los militares se movieron en la sombra (solo Dionisio Capaz, un marino en la picota, formó parte de la comisión española), en Punchauca fueron actores directos, porque la Junta de Pacificación estuvo compuesta mayoritariamente por oficiales del ejército y la marina303. Como se ha expuesto, los virreyes tuvieron una participación indirecta en las negociaciones de Salta de 1821 y 1823. Las primeras fueron capitalizadas por Pedro Antonio de Olañeta, mientras Juan Ramírez Orozco actuaba como intermediario; en 1823 fue el agente de La Serna, Baldomero Fernández Espartero, quien se encontró con el enviado de Buenos Aires; y fueron los altos oficiales los que atendieron, en 1823 y 1824, la llamada de Riva Agüero y Torre Tagle para buscar una salida a una República que no conseguía éxitos militares y que se debilitaba por enfrentamientos internos304. Las noticias de que se preparaba en Valparaíso una Expedición destinada a invadir el virreinato decidió a Pezuela a ordenar una serie de movilizaciones de los ejércitos con el fin de defender Lima que, en su criterio, era la clave para mantener el Perú. Para posibles actuaciones convocó a juntas a militares, entre los que estaban los que serían participantes activos en los procesos negociadores: La Serna, José de La Mar, Manuel del Llano, Manuel Olaguer y Feliú y Antonio Vacaro. El 7 de agosto de 1820 el virrey entregaba un plan de actuaciones al teniente general La Serna, al subinspector general La Mar y a Del Llano305. El 26 de setiembre de 1820, al tiempo que se firmaba el armisticio en Miraflores, Pezuela mantenía junta «secreta» con los generales La Serna, La Mar, Del Llano y Feliú para tratar la situación de la presidencia de Quito, incomunicada con Santa Fe por causa de la guerra306. El virrey siguió convocando a juntas a los oficiales mientras se desarrollaban los encuentros de Miraflores para tomar decisiones con relación a la posición que los ejércitos tendrían que tomar a partir del armisticio. En reunión de 30 de setiembre (día en que Pezuela se encontraba con los diputados de San Martín), La Serna le entregaba una propuesta de cinco puntos, al tiempo que manifestaba su escepticismo 181
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