La independencia inconcebible

respecta a su buena relación con San Martín, que presentaba como una manera de conseguir información privilegiada. 3.2. Las corporaciones de Lima ante las negociaciones Las principales corporaciones de Lima se plegaron a La Serna después de Aznapuquio y respondieron a la circular que les dirigió el 2 de febrero de 1821 pidiéndoles sacrificios económicos para salvar al virreinato. El Consulado, que había mantenido un contencioso con Pezuela debido a su decisión de abrir el Callao al comercio extranjero, respondía al «virrey, gobernador y capitán general» mostrando su complacencia por el cambio político y su voluntad de «hacer cuanto esté a sus alcances para cooperar a la pacificación de estas provincias», aunque no concretaba ningún auxilio pecuniario283. La Audiencia también manifestaba su adhesión, aclarando que la precariedad de su situación le impedía hacer contribución económica alguna284. El Ayuntamiento se mostró ambiguo y no respondió de manera corporativa. 3.2.1. La Audiencia y el Ayuntamiento No hay rastros documentales de que la Audiencia se manifestara como institución en las negociaciones. El virrey interino incluyó tardíamente al oidor conde de Vallehermoso en la Junta de Pacificación, sin duda porque sabía que era un apoyo incondicional, y así sería porque acató y defendió con vehemencia su actuación. El 5 de julio de 1821 la Audiencia, mancomunadamente con el cabildo eclesiástico, protestaba por el abandono escandaloso en que La Serna dejaba a Lima y le dirigía un escrito de queja porque, a diferencia de lo sucedido con otras corporaciones, no le había enviado el oficio informando sobre su propósito. Entendía que debía manifestarse en contra de una decisión que dejaba a los habitantes de la capital y a las instituciones expuestos a grandes calamidades, y que incluso podría acarrear la pérdida del virreinato, con lo que La Serna habría incumplido el juramento que hizo el 30 de enero, al día siguiente de la deposición de Pezuela. Además, el virrey no asumía que seguían pendientes «las negociaciones de paz, a cuyo buen éxito va a poner esta medida una barrera sin límites»285. De sus miembros solo firmó el Acta de Independencia el peninsular Manuel María del Valle; otros seis, los peninsulares Tomás Ignacio Palomeque, Gaspar Osma y José de la Iglesia, y los criollos José Santiago Aldunate, José de Irigoyen y Francisco Moreno, pidieron, según Anna 176

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