La independencia inconcebible

a favor de Isabel II durante la guerra carlista, pero su principal dedicación fue a sus propiedades. En 1835 formaba parte de la Sociedad Económica de Amigos del País de Tarifa, en la que figuraba como «capitán de fragata, labrador y hacendado». Murió en su ciudad el 3 de octubre de 1839. Desde la superioridad que le daba el haber sido nombrado por el rey, Abreu actuó con una prepotencia que no midió, cometiendo errores por los que pagaría un alto precio, tanto en el virreinato como en la Península. El escribir a San Martín y encontrarse con él antes de presentarse ante La Serna fue una equivocación que le costaría la animadversión del virrey y los jefes militares, a pesar de que Abreu siempre diría que no trataron nada concerniente a la negociación. La brecha se amplió cuando decidió permanecer en Lima, manteniéndose a costa de los presupuestos de los patriotas y continuando las negociaciones. El pulso que Abreu y La Serna mantuvieron en torno a la negociación llegó al enfrentamiento explícito, como recoge la correspondencia que intercambiaron y la que mantuvieron con las instancias centrales. La cuestión de los espacios de poder estuvo en el epicentro de la relación y Abreu era el que más tenía que perder. Reconocía la autoridad del virrey, y así lo hacía constar en la correspondencia con el gobierno, pero se quejaba de su animosidad. Esperaba que un día el rey entendiese que su comisionado había sido humillado. Uno de los puntos de fricción radicó en que La Serna defendía que los cargos de presidente de la Junta y de virrey eran independientes y que Abreu no podía inmiscuirse en sus decisiones de gobierno, mientras este negaba la duplicidad. En cuanto a los militares, entendía que Canterac era el hombre fuerte que priorizó la solución militar por encima de la negociación, porque pensaba que la detención de la guerra perjudicaba a un ejército que conseguía continuas victorias y por eso le parecía un error dejarlo inactivo. En cuanto a Valdés, le parecía inadmisible su comportamiento en la Cleopatra, contraviniendo las instrucciones que tenía de inspirar confianza, y criticaba su actitud en relación a la Junta281. Un análisis de los documentos manuscritos y de las fuentes impresas lleva a concluir que Abreu no influyó decisivamente en el curso de las negociaciones y que, más bien, fue un elemento distorsionador en los planes de La Serna y los oficiales282. Desde la atalaya que le prestaba el ser comisionado real, se atribuyó éxitos puntuales y manipuló la realidad en sus justificaciones ante el gobierno y el rey, sobre todo en lo que 175

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