La independencia inconcebible

informativa de su estancia en Chile, como si la distancia hubiera atemperado su ira276. El 19 de marzo partía rumbo a la Península, llegando a Gibraltar el 15 de junio y a Tarifa al día siguiente. De inmediato, como asegura en su Diario, organizólos papeles en tres paquetes numerados con la intención de entregarlos al correo con destino a la Corte (Fisher, 2009, pp. 111-114). El 29 de marzo de 1822, mientras Abreu cruzaba el Atlántico, el ministro de Ultramar disponía que se le retirara de su comisión, «dándola por fenecida». En tanto, el comisionado regresaba para aclarar dudas: se debía interrogar a Tavira, al arzobispo de Lima y a Toribio Acebal, secretario del Gobierno Político del Perú, una vez que los dos últimos llegaran a la Península. Desde Aranjuez, el 31 de marzo, el rey se daba por enterado a través de la carta que le había enviado Abreu el 6 de noviembre de 1821 de que no habían tenido resultado «sus esfuerzos paternales» de poner fin por la conciliación a los males de la guerra que afligía al Perú, y resolvía dar por terminada la negociación y que Abreu regresara277. Para Abreu se abría una dura travesía del desierto. No tuvo un recibimiento acorde a sus expectativas; por el contrario, desde Tarifa solicitó sus haberes y el poder trasladarse a la Corte a explicarse ante el rey, así como permiso para reponer su quebrada salud278. Hasta el 29 de julio de 1822 la sección de Hacienda de Ultramar no daba la orden de que se libraran esos haberes, que al parecer no había recibido aún en enero de 1823. A mediados de setiembre solicitaba permiso para trasladarse a Madrid a atender «asuntos particulares» y otros derivados de la Comisión de Pacificación279. El permiso le fue concedido el 14 de octubre y así se lo hizo saber el ministro de Marina, Dionisio Capaz. Su carrera quedó estancada; solo tuvo destinos menores, como el mando del Apostadero de Tarifa, que no ocupó, y el de una división de la puerta de Sevilla. Su lealtad al rey, como era habitual entre los militares, trascendió posibles adscripciones ideológicas. Entre el 2 y el 19 de agosto de 1824, el oficial liberal Francisco Valdés se hacía con la plaza de Tarifa, recuperación en la que participó Abreu a las órdenes ahora del monarca absoluto, por lo que el 24 de octubre pedía por escrito la aprobación expresa de las autoridades a la purificación solicitada. No la recibió, y finalmente una real orden del 5 de octubre de 1825 le asignó a pasivos, mientras otra del 12 de febrero de 1826 aprobaba su purificación y daba paso a alguna condecoración280. Todavía tuvo alguna intervención puntual 174

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