La independencia inconcebible

entrega de la plaza del Callao, pues si no lo acordaban tendrían que permanecer en la fortificación todos con la excepción de Abreu257. Por la densidad de los temas los diputados y vocales solicitaban más tiempo258, pero San Martín imponía su voluntad: no habría más prórroga y los diputados permanecerían en el Callao, solo Abreu podría regresar a Lima. La Junta, consciente de la crítica situación de la plaza —asediada y sin víveres desde hacía tiempo—, en sesión de 31 de agosto debatió sobre la posibilidad de firmar una capitulación honrosa que evitara una entrega incondicional. Y así lo trasladó a San Martín con el deseo de llegar a un final negociado sin «el impedimento» de que la capitulación estuviera supeditada al dictamen del virrey y los vocales que le acompañaron «que se hallan en el Exército»259. Los diputados incluso alcanzaron a introducir modificaciones a seis de los artículos de la propuesta de armisticio del 10 de julio: se reduciría el territorio de los patriotas a las demarcaciones de las intendencias de Trujillo y Lima (art. 4); las tropas españolas en Chile mantendrían las posiciones que ocupaban cuando se firmara el armisticio y se mantendrían en Chiloé (art. 8); los buques de guerra procedentes de la Península serían repostados a costa del gobierno de San Martín, y se trasladarían a puertos de dominación española (art. 14); en caso de la llegada de tropas españolas de la Península, San Martín podría aumentar las suyas en el mismo número (art. 16); se consideraría una infracción cualquier apresto de expedición militar en la Península una vez aprobada por el rey la transacción con el Estado de Chile o los pueblos independientes del Perú (art. 17); en el tráfico entre ambos países, se admitirían las monedas de oro y plata «por su intrínseco valor» (art. 19). En el caso de que San Martín aceptara, podría procederse a enviar diputados de ambas partes a la Península con el objeto de negociar la paz260. Los diputados de San Martín se congratulaban porque la Junta podía tomar decisiones sin la traba del virrey, pero rechazaban tajantemente las modificaciones del armisticio, sobre todo en lo relativo al reparto territorial261. Los españoles acusaban recibo en lo que sería la última nota oficial262. Era el final: San Martín daba por terminada la negociación y exigía la entrega de los castillos del Callao, que en cualquier caso había decidido tomar por la fuerza. Entendía que ya había invertido demasiado tiempo y no quería dilatar más la incertidumbre que se cernía sobre los pueblos que estaban bajo su dependencia. 168

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