La independencia inconcebible

disposición a no entorpecer el curso de una transacción pacífica, accedía a que se comunicaran libremente «por su conducto». Al tiempo, les pedía su opinión razonada sobre el armisticio pendiente251. Tras la negativa, que recibían el 2 de agosto, los diputados y vocales de la Junta insistieron, esta vez ante los diputados patriotas, subrayando que iban a tratar temas de interés común, especialmente la regularización de la guerra252. San Martín reconsideró su decisión, y el 4 de agosto, a través del ministro de Estado y Relaciones Exteriores (y comisionado patriota) García del Río, comunicaba a los «diputados del Exmo Sr. José de La Serna», (que no virrey), que podían encontrarse y, en consecuencia, debían comunicar la fecha, el tiempo que preveían que estarían conversando y los auxilios que necesitarían. Además, y de acuerdo a su pedido, se suspenderían las hostilidades253. Los diputados fijaban la reunión para el 9 de agosto, entre las seis de la mañana y las seis de la tarde, solicitando un balancín para hacer más fácil su transporte254. Ese día se decidió designar presidente interino de la Junta a José de La Mar y tres días después se estudiaba el armisticio, se acordaba modificar algunos de sus términos y proponer, con conocimiento del virrey, un plan para la regularización de la guerra255. Los problemas de comunicación incidieron poderosamente en unos trabajos abocados al fracaso. Como estaba convenido, el 15 de agosto los diputados adjuntaban a San Martín el pliego en el que daban conocimiento al virrey de sus actuaciones y, de otro lado, la Junta de Pacificación se dirigía a la diputación pidiendo las instrucciones que el rey entregó al capitán de fragata Manuel Abreu, junto a otros documentos que se había llevado el secretario Bañuelos cuando estuvieron reunidos en el Callao256. El 28 de agosto, una vez más, los vocales de la Junta hacían ver a los comisionados la necesidad de reunirse en el Callao y de que en esa segunda ocasión estuviera presente el vocal Bermúdez, que no se había trasladado a los castillos por motivos de salud y que les comunicaba su intención de dejar la Junta —como afirma Abreu en su Diario (Fisher, 2009, pp. 93-94)— porque la España liberal había abandonado a la religión y desconocido al papa. El gobernador del Callao, José de La Mar, enviaba un oficio a San Martín el 28 de agosto pidiéndole de nuevo que permitiera que se trasladaran a los castillos los comisionados españoles que permanecían en Lima. En esta segunda ocasión, San Martín les concedía veinticuatro horas y les ponía como condición que trataran la 167

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx