los castillos del Callao y se aventuró a tratar sobre el armisticio de veinte días sin contar con los vocales de la Junta (Fisher, 2009, p. 88). Los adversarios estuvieron al corriente de las malas relaciones entre La Serna y la Junta. Las discrepancias se explicitaron cuando el virrey decidió abandonar Lima y ordenó a la Junta y a la diputación que se disolvieran. Abreu intervino para defender la continuación de las negociaciones y, por lo tanto, de la Junta; y frente a la contundencia de La Serna argumentó que se podría entablar comunicación escrita con el presidente de la Junta, que sería consentida por San Martín, partidario de no interrumpir los contactos. Contraviniendo la decisión del virrey, una Junta reducida —porque dos de sus integrantes acompañaron al virrey (aunque no se ha localizado referencia documental, fueron Canterac y Valdés)—, que no funcionó con una sola voz y con un comisionado que recibía un trato de favor y tendía puentes a San Martín, decidió continuar su labor después de responder a unas preguntas que los patriotas les formularon el 10 de julio, todas en relación con su capacidad para continuar las negociaciones (Pons Muzzo, 1999, pp. 34-40)243. En sus respuestas garantizaban que la Junta cumplía los requisitos para seguir en sus funciones y que contaba con autoridad deliberativa para decidir sobre el armisticio. Antes de que San Martín entrara en Lima los diputados patriotas hacieron entrega de la minuta detallando lo que querían que fuera el armisticio definitivo. Repudiaban la conducta de La Serna, que había dejado a la población expuesta a la anarquía estando aún pendiente la negociación, y confiaban en la buena disposición de la Junta de Pacificación, que representaba los principios liberales proclamados por el pueblo español. Por su parte, era su propósito contribuir a poner término a la guerra, conciliar intereses y abrir el camino para negociar una paz sólida con el gabinete de Madrid244. Ante el inminente ingreso de los independentistas, los vocales de la Junta —La Mar, Olaguer Feliú, Vacaro y Colmenares— se refugiaron en el Callao, mientras los comisionados permanecieron en la capital. Ausente el virrey, San Martín solicitaba a los comisionados españoles que tramitaran la disponibilidad de una habitación en el Palacio de Gobierno para seguir con las conferencias y, entre tanto, que le orientaran sobre cómo comunicarse con los miembros de la Junta de Pacificación, que se habían trasladado a los castillos junto con muchos realistas245. 165
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