La independencia inconcebible

La reacción de Unanue fue fulminante. Negaba rotundamente ser el autor del documento y aseguraba que su firma aparecía sin su consentimiento. Lo que siguió fue un cara a cara con Capaz, un cruce de acusaciones y justificaciones que involucró a otros hombres con influencia en la opinión pública. El marino español daba su explicación de los hechos en un folleto que comenzaba con un escrito de Unanue (fechado en Lima el 9 de octubre de 1820 e impreso por Manuel Peña) en el que rechazaba el tono belicista del final del Manifiesto porque lo que se avecinaba era la peor de las guerras, una guerra civil que enfrentaría a individuos de un mismo país. Unanue quería aclarar que el editor de la Gaceta había puesto su nombre por equivocación, ya que no constaba en el original215. El 11 de octubre Capaz le rebatía, argumentando que Unanue estaba al tanto de todo lo que pasó y que tardó en reaccionar. Explicaba lo que en su opinión sucedió: llamado por el virrey el 7 de octubre por la mañana, este le entregó un oficio de San Martín en el que notificaba la ruptura del armisticio. Le dijo que era necesario instruir al pueblo por medio de un papel enérgico y, siguiendo su orden, Capaz hizo un borrador que llevó a Palacio y que el mismo Pezuela corrigió. Cuando se retiró para ponerlo en limpio, se presentó José Joaquín Larriva, un reconocido redactor, pidiéndole el papel para imprimirlo con el argumento de que debían firmar los diputados que habían intervenido en la negociación. El asunto quedó así y fue en la imprenta donde encontró la Gaceta Extraordinaria con las firmas de los otros comisionados, dando por supuesto, sin más comprobación, que todos habían dado su consentimiento; luego supo que no. En una reunión posterior de los tres implicados, Unanue pidió que se censurase el papel, eliminando algunas expresiones. Al día siguiente aparecía el impreso «a gusto del Sr. Unanue» que, aun así, siempre según Capaz, actuó aviesamente, publicando el día octubre un papel impugnando a la Gaceta. Cuando Capaz le pidió explicaciones, le confesó que su problema no era con él sino con el editor Larriva. El marino sacaba sus conclusiones: Unanue reclamó demasiado tarde, sin explicar los motivos. Pero, además, había una cuestión de fondo relacionada con su lealtad y adscripción a España, pues mientras él tenía vínculos fraternales con los españoles americanos y había sido víctima de la tiranía (se refería a la persecución durante el absolutismo), Unanue solo había sido un testigo de los acontecimientos. Él nunca había variado en sus principios y actuaciones y siempre había creído que la Constitución sancionada por el 152

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