La independencia inconcebible

los documentos, fue por la distancia y por el temor a que la correspondencia fuera interceptada. Defendían que su conducta pública estaba debidamente acreditada, por lo que sentían que el virrey albergara dudas sobre su legitimidad y autoridad como comisionados del rey. Terminaban anunciando que después de conocer el decreto de 1 de octubre, se desligaban de su misión, avisando que todo lo que se llevase a cabo era ya responsabilidad de La Serna211. Pero además, la partida tenía otro jugador. Olañeta había capitalizado el armisticio de Salta de 15 de julio de 1821, que afirmó su influencia militar y económica en la región. El establecimiento de la sede virreinal en Cuzco a finales de diciembre de 1821 supuso que las élites de Charcas y el propio Olañeta perdieran autonomía. Se sintió relegado por no ser avisado ni permitírsele participar cuando supo que Espartero había sido enviado por el virrey para negociar con Las Heras (Roca, 2007, p. 588). Sin intervenir directamente en las negociaciones, su influencia se haría notar. Cuando tuvo ocasión, mostró su desacuerdo con la Convención, que le parecía un signo de debilidad. 3. EL ENVÉS DE LA TRAMA. LOS COMISIONADOS, CORPORACIONES Y MILITARES ANTE LA OPCIÓN NEGOCIADORA Los virreyes se rodearon de una corte de notables civiles y militares con los que mantuvieron unas relaciones que se reformularon en el tiempo y en las que, en ocasiones, la lealtad y la obediencia debida se vieron relegadas por la conveniencia y por intereses de variado espectro. Así se pusieron de manifiesto en el curso de las negociaciones acontecimientos formativos que serían catalizadores de actitudes y comportamientos, no siempre explícitos, que revelaron y provocaron proximidades y divergencias entre los implicados —que en algunos casos venían de atrás y que se prolongaron tiempo después—, dando lugar a lo que Merritt (1966) llamó, para el caso de las colonias angloamericanas, «símbolos de identidad colectiva». Hubo quienes, como Mariano Torre y Vera (Alto Perú, Salta) o Ramón Martínez Campos (El Callao), pasaron de negociadores a entrar en planes de pacificación armada. Otros, como Dionisio Capaz (Miraflores) o Manuel Abreu (Punchauca), tuvieron que rendir cuentas por un comportamiento considerado inadecuado por las instancias superiores. 149

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx