Hasta finales de mayo de 1823 La Serna no recibía la carta de Pereyra, fechada en Río de Janeiro el 19 de febrero, con contenidos de distinto sesgo. Por un lado, estaba la buena nueva de que a finales de noviembre del año anterior se había terminado de aprestar la expedición marítima, destinada al Perú «para hacer respetar los derechos de la nación y acreditar a sus hijos, que tan heroica e inauditamente los han conservado con los más señalados sacrificios, que no los desconoce ni olvida»; por otro, la mala noticia de que la situación en la Península se había complicado por la invasión francesa de abril de 1823. Por último, Pereyra le informaba de la misión que se le había conferido202. La comunicación oficial sobre el curso de las negociaciones se retrasaría hasta el 29 de julio. Los comisionados aseguraban que habían intentado sin éxito comunicarse anteriormente con el virrey, porque a las dificultades que entrañaba la distancia entre el Cuzco y Buenos Aires se sumaba la contingencia de que cualquier pliego de noticias podía ser interceptado por las provincias insurgentes. En cumplimiento de los decretos, de los que suponían conocedor a La Serna, trabajaron para que no se interrumpieran las relaciones comerciales mientras se firmaban tratados definitivos con el gobierno español, para lo que era imprescindible que se suspendieran las hostilidades. Pedían a La Serna que se adhiriera a la Convención, recordándole que los actos de las Cortes eran de observancia obligada en todas las provincias de América. Con su carta pretendían, en opinión de Caillet Bois (1939, p. 186), dar al virrey la oportunidad de cumplir la voluntad del rey. Siguiendo lo dispuesto en el artículo 11 de la Convención, el gobierno de Buenos Aires nombraba a sus comisionados el 23 de julio. El general Juan Gregorio de las Heras era el encargado de negociar la adhesión de las provincias y también la de La Serna, el general Álvarez de Arenales debía vigilar el trazado de la línea divisoria con el virreinato del Perú y Félix de Alzaga era el ministro plenipotenciario cerca de los gobiernos de Chile, Perú y Colombia (Caillet Bois, 1939, p. 194). Rivadavia escribió a La Serna para que permitiera que Las Heras llegara al Cuzco con el propósito de tratar personalmente los términos de la Convención. Para entonces, el virrey se encontraba en una buena posición y no estaba dispuesto a negociar sobre un acuerdo que abría la posibilidad de la independencia; por eso, no solo se negó a recibirle, sino que ni siquiera le permitió entrar en territorio del virreinato203. 145
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