La independencia inconcebible

Tampoco las instancias peninsulares podían conocer a tiempo real lo que sucedía en el virreinato. Por ejemplo, a comienzos de setiembre de 1822 el secretario de Ultramar pedía al de Guerra que remitiera copia de la última correspondencia del jefe político superior, porque se estaba preparando el envío de comisionados —según el real decreto de 13 de febrero—, y no se tenía noticia de cuál era la situación en el Perú, ya que la última carta de La Serna se retrotraía al 5 de febrero «del año próximo anterior»; es decir, de 1821190. El caso es que finalmente no estaba en el Perú cuando el ministro de Ultramar, Clemencín, expedía el 21 de mayo de 1822 la minuta de real orden circular a los jefes de Ultramar, acompañando la nota de los comisionados nombrados para la Nueva España, Guatemala, Costa Firme y Buenos Ayres. En los meses siguientes el gobierno español daba señales de que tenía planes alternativos para el Perú y que la negociación quedaba supeditada a la solución militar. El secretario de Marina, Dionisio Capaz, tomaba cartas en el asunto en un oficio en el que desvelaba que cuando el rey nombró a los comisionados, se decidió que, No se hiciese el nombramiento de los comisionados que hubiesen de ir a desempeñar igual cargo en el Perú, hasta que hubiera proporción de conducirlos con la debida seguridad. En este estado, hallándose por la misma razón sin llevar a efecto en cuanto al Perú lo determinado en esta parte por las Cortes para todas las provincias disidentes de Ultramar, y considerando que no puede ofrecerse otra ocasión más a propósito para la conducción de los comisionados que se nombren para Lima y Chile que la salida de los buques de guerra destinados al mar del Sur, espero que VE se sirva decirme, para gobierno de este ministerio, cual es el estado de dicha expedición, cuya pronta salida recomiendo encarecidamente a VE como único medio de que se logre la pacificación de aquel benemérito país y de que cesen los gravísimos males que sufren sus leales habitantes191. Sin embargo, según el secretario de Ultramar, no estaban preparados los buques de la Armada nacional para la expedición al Pacífico porque aún estaba pendiente la negociación con países extranjeros para la construcción de fragatas en el Ferrol192. Hasta el 14 de noviembre de 1822 el secretario del despacho de Guerra no firmaba la orden remitiendo a La Serna los decretos de las Cortes, de 13 de febrero y 28 de junio de 1822, anunciándole que los comisionados llevarían instrucciones y que solo el jefe político podía ratificar las bases del armisticio con el enemigo. Era un largo oficio que resumía cómo, por decreto de 13 de febrero de 1822, las Cortes resolvieron que el rey nombrase comisionados para ir cerca de los 141

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