pendiente no tenga la feliz terminación que yo positivamente deseo, si Ud. por su parte se halla dispuesto»184. En un ambiente enrarecido, tomaba una decisión que alteraría el curso de la negociación y explicitaría tensiones latentes. Al quedar incomunicado con Lima e imposibilitado de reunirse con la Junta de Pacificación, disponía su cese desde ese día. Y en cuanto a los diputados, solo podrían prolongar sus tareas mientras tuvieran la esperanza de lograr algún resultado, pero, en cualquier caso, nada de lo que trataran tendría efecto sin su ratificación185. Desde la sierra, La Serna, impotente, veía cómo las negociaciones continuaban fuera de su control y cómo, a pesar de que había ordenado su disolución, la Junta de Pacificación y los comisionados, desde el Callao y Lima, seguían manteniendo conversaciones con San Martín firmes en su convicción de que no necesitaban el dictamen del virrey, situación que se mantuvo incluso hasta finales de agosto, cuando tomaron conciencia de que habían perdido toda capacidad de maniobra. El punto de inflexión sería la orden dada por La Serna a Canterac en el mes de setiembre para que se aproximara al Callao. Los independentistas se alarmaron por un posible ataque; para los realistas, refugiados los castillos, era la esperanza de recibir ayuda. No sucedió ni una cosa ni la otra. Canterac fue directamente a los castillos a sacar armamento y otros recursos. La capitulación era cuestión de tiempo, pues el 19 de setiembre el Callao pasaba a los patriotas y el 21 se firmaba la capitulación. 2.2. Entre la negociación y la pacificación militar Desde finales de 1821 La Serna gobernaba en el Cuzco con los frentes de guerra estabilizados. La victoria de Ica a comienzos de abril de 1822, en la que Canterac derrotó a los ejércitos de Domingo Tristán y Agustín Gamarra, supuso para los españoles una inyección de confianza186. En los territorios independientes, San Martín priorizaba la organización política, social, económica y cultural del Protectorado, sin ejecutar ninguna campaña militar de envergadura en la sierra. El 14 de julio de 1822, antes de partir a Guayaquil a encontrarse con Bolívar, trasladaba a La Serna una propuesta negociadora, advirtiendo que su ejecución correspondería al Congreso Constituyente. La estructuraba en catorce puntos, que se supeditaban a que la nación española reconociera la independencia y, como era habitual en sus discursos, insistía en la superioridad militar de los patriotas. 139
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