una información privilegiada que ni siquiera conocían sus diputados: que había pensado proponer a La Serna un plan en el que reformulaba su alternativa monárquica, consistente en la formación de una Regencia de tres miembros, que serían La Serna, un vocal que él nombrara y otro designado por San Martín. Después se declararía la independencia y San Martín viajaría a la Península a pedir a las Cortes que nombraran a un infante de España para que reinara sobre esos países. Cuando Abreu le hacía ver la inviabilidad de una solución que ni siquiera el rey podía aprobar, San Martín replicó que en ese caso no le quedaría otra salida que entrar en una guerra que estaba en condiciones de ganar. Siempre según Abreu, a La Serna le pareció bien el plan de San Martín y así lo transmitió a del Llano, Canterac, La Mar, Galdiano y al propio Abreu (Fisher, 2009, p. 84). De regreso a Lima, La Serna convocó a los jefes del ejército, que se opusieron frontalmente a la propuesta de San Martín. De resultas, los diputados españoles, «hasta donde permitía su autoridad» y «sin comprometer el honor nacional», presentaban el 8 de junio una contraoferta a la fórmula de la Regencia de San Martín, elaborada por la Junta de Pacificación. Consistía en formar en Lima una Junta «de gobierno provisional», que actuaría en nombre de la nación española y con arreglo a sus leyes fundamentales. La compondrían tres personas, el presidente y un vocal serían nombrados por La Serna y el otro vocal por San Martín (aquí ya hay un desajuste, pues eran dos a uno). De inmediato, ambos jefes marcharían a la Península para tratar un arreglo definitivo. Se volvía a perfilar el espacio que durante el armisticio ocuparían ambos bandos, con el río Chancay como línea divisoria. Para vigilar el cumplimiento del armisticio, la Junta destinaría a un jefe español de graduación172. Esta contraoferta era una vuelta de tuerca que los independentistas no podían aceptar. Los españoles, para evitar la ruptura, se acomodaron y pasaron a defender espacios más específicos, como la seguridad de Lima y sus alrededores, amenazada por partidas y guerrillas, y la entrada de víveres para abastecer a una población que se había visto involucrada en una guerra no deseada173. El 12 de junio, ya en Miraflores, se convenía la prórroga del armisticio solicitado por los españoles por un período de doce días, durante los que los esfuerzos se concentrarían en atender las necesidades elementales de la población. La Serna devolvía a los diputados el armisticio debidamente ratificado y, en consecuencia, según lo pactado, daba instrucciones sobre 136
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx