La independencia inconcebible

Una vez dado este paso, el 9 de abril de 1821 La Serna escribía a San Martín para notificarle que Abreu «le había puesto en el caso» de cumplir las órdenes de Fernando VII relativas a que se trataran las diferencias con los disidentes, y en su cumplimiento le invitaba a negociar. Como Pezuela, hacía suyo el «discurso del rey» de que era su deseo que los americanos recuperaran la tranquilidad quebrada por intereses extranjeros. San Martín, desde una posición de fuerza, pedía una invitación formal y, en consecuencia, el 17 de abril, La Serna le confirmaba que la Junta de Pacificación había acordado «que yo, como su presidente, oficie a V.E., como lo hago, invitándole a entrar en negociaciones de paz y unión»164. El 27 de abril, desde Huacho, San Martín anunciaba que serían comisionados su primer ayudante de campo, Tomás Guido, el secretario de Gobierno y Hacienda, Juan García del Río, y don José Ignacio de la Roza. Como secretario actuaría el vocal nombrado de la Cámara de Apelaciones de Trujillo, Fernando López Aldana. En los poderes que entregaba a sus enviados, San Martín firmaba como «Jefe del Exército Libertador», una atribución que había suscitado un problema en Miraflores, pero no en este segundo intento. Las instrucciones que los comisionados realistas recibían el 30 de abril y que entregarían el 7 de mayo a «los señores diputados de San Martín, general en jefe del ejército de Chile», eran una adaptación de las del 15 de abril y ofrecían la suspensión de las hostilidades entre ambos gobiernos. El virrey del Perú autorizaba al general en jefe del ejército del Alto Perú para que también procediera en el mismo sentido con el general Güemes, contando con la mediación de San Martín. Era la prolongación del proceso que había iniciado Pezuela. Durante el armisticio, que debía extenderse durante dieciséis meses, las tropas del ejército de Chile ocuparían el territorio al norte del río de Huaura, con las subdelegaciones de Conchucos, Huamalíes, Panataguas y Huánuco, y las españolas los partidos de Jauja, Tarma y Chancay y los territorios al sur; además, cesaban las hostilidades por mar, y los buques de guerra procedentes de la Península que llegaran después de ratificarse el armisticio no podrían operar sino después de un tiempo de su finalización; por último, se abrirían las comunicaciones, y el comercio entre Chile, la costa de Trujillo, Guayaquil y el virreinato del Perú debía quedar expedito mediante el establecimiento de un sistema de derechos a los géneros peninsulares y extranjeros. 133

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