Por su parte, los diputados de San Martín tenían el encargo de conseguir un arreglo sobre el principio inmutable del reconocimiento de la independencia y la no aceptación de la Constitución como vínculo de unión. En el curso de las conversaciones, San Martín mostraría de nuevo su opción favorable a la instauración de una monarquía, y propuso la formación de una Regencia, presidida por La Serna y dos delegados más nombrados por el virrey y por él mismo, mientras se encontraba a un miembro de una casa real que sería investido como rey. El armisticio se firmaba el 23 de mayo y se ampliaría el 12 de junio, y en ese intervalo, el 2 de junio, se encontraron La Serna y San Martín. A lo largo del proceso, la posición de los altos oficiales españoles que habían liderado el pronunciamiento de Aznapuquio fue contundente: se oponían a negociar con la independencia en juego, mientras que los comisionados de San Martín se mostraron firmes en que era esa precisamente la condición sine qua non para pensar en un posterior acuerdo. La salida de La Serna de Lima bifurcó las opciones realistas. Así, mientras el virrey trató de disolver la Junta de Pacificación y dejar en suspenso la negociación, los diputados y algunos vocales de la Junta decidieron continuar con el armisticio como punto central de la agenda. El rey confirmaba, en marzo de 1822, que, a través de una carta enviada por Abreu el 6 de noviembre de 1821, había conocido que no habían tenido resultados sus esfuerzos por acabar mediante la conciliación con los males de la guerra que afligían a esas provincias. Por ello, había resuelto dar por concluida la comisión de pacificación. En definitiva, como en Miraflores, las negociaciones de Punchauca traerían secuelas a la hora de dirimir responsabilidades por la pérdida del Perú. Como hizo Pezuela en Miraflores, los patriotas reunieron el cuerpo «oficial» de los documentos de Punchauca en el Manifiesto y documentos de las negociaciones de Punchauca entre los diputados de los excmos. señores generales don José de San Martín y don José de la Serna, a consecuencia de la llegada del capitán de fragata don Manuel Abreu, Comisionado Pacificador de la Corte de España160. En los documentos oficiales La Serna se dirigía a San Martín como «general en jefe del exército de Chile», y él se presentaba como Teniente general de los ejércitos nacionales, caballero de la militar orden de San Hermenegildo, condecorado con las cruces de Zaragoza, declarado benemérito de la Patria en grado heroico y eminente, virey interino [sic], 131
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