que, a la vista de la contestación de Gorriti y de las rencillas en que se hallaban sumidos los insurgentes de Salta, podían regresar a Potosí hasta que se diera una ocasión más propicia151. Para entonces, La Serna estaba a punto de establecer la sede de su gobierno en el Cuzco. A comienzos de 1822 la división de Ramírez fue incorporada al Ejército de Canterac, y entonces solicitó al virrey ser relevado y que le permitiese regresar a la Península (Laserna, 2010, pp. 187-188)152. 2. EL VIRREY LA SERNA, DE PUNCHAUCA A SALTA. NEGOCIAR EN TIEMPOS DE GUERRA La Serna negociaría en un contexto de guerra. A mediados de abril de 1821, San Martín había ordenado a Arenales que comandara una segunda incursión al interior, maniobra que llevaría a la ocupación en mayo del centro minero de Cerro de Pasco, mientras el general Miller operaba en los puertos intermedios de Tacna y Arica. Sin embargo, las victorias realistas de Canterac y Carratalá obligaron a la retirada a Lima el 26 julio 1821. Antes de Punchauca, el 9 de febrero de 1821, La Serna se dirigía a San Martín para reafirmar su asunción del mando tras Aznapuquio y le proponía una entrevista en Chancay, en la que participarían el mismo número de jefes por parte de cada ejército contendiente, a fin de buscar un medio que terminara con las desavenencias. La respuesta del general de los ejércitos de Chile fue inmediata. En un gesto «búmeran» que había practicado en otras ocasiones, se atribuía el protagonismo a la hora de conciliar los intereses de los españoles con los derechos de los americanos. El propio San Martín elegía el lugar, la hacienda Torreblanca, propiedad del español Casa-Muñoz, y también la fecha y la hora, el 19 de febrero a las nueve de la mañana. Anunciaba que sus delegados serían los coroneles Rudecindo Alvarado y Tomás Guido153. La Serna aceptaba el tiempo y el escenario y, por su parte, nombraba a los coroneles Gerónimo Valdés y Juan Lóriga154. Fue un encuentro efímero, los comisionados patriotas se reportaron a San Martín el 23 de febrero con el informe sobre una reunión que había durado una jornada y en la que los españoles se negaron a entrar en ningún convenio que se sustentara en la independencia del Perú y no presentaron ninguna propuesta innovadora, salvo reiterar lo planteado en Miraflores155. 129
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