La independencia inconcebible

como La Mar, Castilla, Santa Cruz y otros que combatieron del lado español y se pasaron a los ejércitos patriotas, y de intelectuales y políticos que transitaron desde las instituciones virreinales a las republicanas11. El denominador común de los trabajos que integran La Independencia inconcebible es el tratamiento de la Independencia del Perú también desde la perspectiva española durante el segundo liberalismo (1820-1823) y los inicios de la década ominosa (1823-1833), tanto de las instancias centrales como del gobierno del Virreinato y cómo se gobernó en tiempos de guerra, estableciendo siempre el contrapunto necesario con lo que fue el proceso independentista. Se trata de la continuación del dossier publicado en la Revista de Indias (2011) bajo el título «Tiempos de Desconcierto. Política y sociedad en la independencia del Perú, 1820-1824». En un balance general, las propuestas demuestran que en las provincias controladas por los realistas se conocieron y aplicaron las instrucciones del segundo liberalismo; también que los problemas derivados de la carencia de recursos y de la falta de ayuda militar de la metrópoli fueron un factor que contribuyó a la derrota final. A partir del análisis de lo publicado sobre la situación del Perú en tres periódicos del período liberal español (El Universal de Madrid, el Diario Mercantil de Cádiz y el Diario Constitucional, Político y Mercantil de Barcelona), Víctor Peralta, en «“Nacionales” contra “disidentes”. La prensa del Trienio Liberal y la caída del gobierno virreinal en el Perú, 1821-1823», argumenta que el discurso de la prensa liberal española fue unánime al no reconocer la viabilidad de la independencia peruana. Si bien esta comprobación coincide con lo planteado a nivel general en los estudios clásicos sobre este tema de Melchor Fernández Almagro, Jaime Delgado o Alberto Gil Novales, Peralta se acerca al tratamiento que periódicos significativos dieron a algunas cuestiones relativas al gobierno y a la guerra en el Virreinato. Así, la prensa hizo eco y se manifestó en relación al enfrentamiento entre el virrey depuesto en Aznapuquio en enero de 1821 (Joaquín de la Pezuela) y el virrey o jefe político que asumió el cargo con el apoyo de los oficiales que promovieron el pronunciamiento y que desde finales de ese año gobernó en el Cuzco (José de La Serna). Peralta demuestra que los apologistas de Pezuela tuvieron un importante predicamento dentro de la prensa liberal española, a diferencia de los defensores de La Serna. Este último tuvo también la desventaja de que los dos representante que envió a la Península Ibérica, el marqués de Valle Umbroso y Antonio Seoane, aparte de tener que deshacerse de la 12

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