documentación oficial durante su accidentada travesía marítima, no fueron hábiles en el uso de la prensa. Por último, considera el efecto negativo y/o distorsionador de la tardanza con que las noticias llegaban desde y a la metrópoli; es decir, su escasa veracidad informativa y su efímera vigencia al producirse una enorme distancia cronológica entre su origen en Lima o Cuzco y su conocimiento en Madrid, Barcelona o Cádiz. Amadori analiza el modo en el que los ministros de Ultramar, Guerra, Marina, Hacienda y Gracia y Justicia del segundo liberalismo abordaron el proceso de la Independencia del Perú, y define los lineamientos propuestos tanto para el gobierno como para el desarrollo de este territorio. A partir de las Memorias presentadas a las Cortes entre 1820 y 1823 por los sucesivos secretarios de cada uno de los ramos referidos, muestra la interacción y los puntos de vista de varios ministros respecto de un mismo asunto, lo que daba lugar a la conformación de un espacio común de opinión y a poner de manifiesto la doble perspectiva desde la que se contempló la cuestión peruana. Concluye que puede hablarse de unas preocupaciones coyunturales e inmediatas y de unos proyectos estructurales o de larga duración. Así, por un lado, singulariza los debates y las propuestas que planteaban una solución para la crisis política derivada del proceso revolucionario. Por otro lado, selecciona un amplio repertorio de propuestas referidas a aspectos concretos para el gobierno y el fomento de Ultramar, como puede ser la instrucción, la industria, las comunicaciones, el comercio, la salud pública o el incremento de la población. Por fin, pone en valor las continuidades del Trienio con las posiciones del primer liberalismo, así como también las rupturas, y sitúa las propuestas de los ministros en un escenario político y cultural conflictivo. Martínez Riaza y Moreno Cebrián reconstruyen el alcance y los límites de la negociación con los disidentes, una de las líneas maestras de la política española en América durante el segundo liberalismo. Advierten cómo la Independencia del Perú tuvo un componente insoslayable de guerra, pero también se sucedieron conversaciones y negociaciones que derivaron en armisticios que detuvieron transitoriamente el enfrentamiento armado. Los dos intentos de mayor calado fueron las llamadas negociaciones de Miraflores (24 setiembre a 4 octubre 1820) y Punchauca (4 mayo 1821 a fecha sin definir), ambas mantenidas con San Martín por iniciativa de los virreyes Pezuela y La Serna —que seguían las órdenes de las instancias peninsulares—,que son las más tratadas por la historiografía. El otro escenario fue el Alto Perú, plataforma para negociar con los 13
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