La independencia inconcebible

puso en marcha una política de exacciones a los comerciantes y estancieros locales generando una inestabilidad que favoreció las incursiones realistas. Olañeta aprovechó los disturbios para ocupar la ciudad, operativo en el que murió Güemes el 7 de junio de 1821 (Roca, 2007, pp. 488-489; Laserna, 2010, p. 214). La desaparición de Güemes favoreció el acercamiento con Saturnino Saravia, el nuevo gobernador de Salta, y fue Olañeta el que tomó la iniciativa, sin contar con los comisionados ni con Ramírez, demostrando hasta qué punto actuaba con autonomía. El 14 de julio firmaba un armisticio de quince artículos que sería ratificado al día siguiente. Se acordaba la retirada de las fuerzas realistas de Salta, sin ser hostigadas en el camino, hacia algún punto de la campaña de Jujuy. El comandante general de Vanguardia se comprometía a liberar a los prisioneros hechos en Salta y Jujuy y, por último, los rioplatenses debían elegir a un gobernador con quien se encontrarían los comisionados que Olañeta «tuviese a bien nombrar por su parte», a fin de llegar a un tratado. En el tiempo de vigencia del armisticio, el ejército español podría disponer de ganado y víveres mediante acuerdos con los propietarios; además, se convenía el canje de prisioneros y se garantizaba el respeto a todos aquellos que hubieran manifestado opiniones contrarias a «cualquiera de los partidos contratantes» (Torata, 1986, III doble, pp. 183-185)145. Olañeta, que fue el gran beneficiado porque ampliaba y consolidaba sus circuitos comerciales, dejaba al margen a los comisionados de Pezuela cuando decidía el nombramiento de otros de su conveniencia. Desde Potosí, Torre y Vera, Lara e Ibargüen mostraron su disconformidad. Enviaron la misma carta a Ramírez advirtiéndole que no se sentían responsables del curso de la misión y de su demora porque hacía cuatro meses que esperaban respuesta de los jefes de Salta y Tucumán a las invitaciones que se les había hecho por conducto de Olañeta146. El comandante general de Vanguardia respondió que cuando Ramírez le ordenó replegarse el 7 de julio, aunque estaba en condiciones de pacificar todo el Río de la Plata hasta Buenos Aires, creyó que no tenía objeto la comisión porque la discordia había encendido de nuevo la guerra civil en las provincias de Salta y Tucumán, siendo imposible que aceptaran las negociaciones los demagogos que las dirigían, que solo aspiraban a ser los tiranos de su patria147. Para neutralizar la creciente influencia de Olañeta, Ramírez, desde el cuartel general de Arequipa, mandó una circular a los subdelegados de los 127

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