muestra el largo oficio dirigido a San Martín el 3 de noviembre, en el que, entre otras cosas, le anunciaba que, no satisfecho el rey con las primeras Instrucciones del 11 de abril, había enviado a todos los puntos de América otras más amplias. Conocía, asimismo, que habían llegado en el Aquiles a Río de Janeiro los comisionados regios para tratar con los «responsables» de Buenos Aires, así como también el brigadier José Rodríguez Arias y el capitán de fragata Manuel Abreu, designados para negociar con el gobierno de Buenos Aires131. Desde esa nueva situación invitaba a San Martín el 14 de diciembre132; sin embargo, ya era tarde, este había tomado un nuevo impulso que resultaba imparable: se mostraba firme en no aceptar ninguna transacción a no ser que se reconociera la independencia política de Chile, Buenos Aires y el Perú133. Firmado el armisticio, Pezuela envió el 28 de setiembre una circular a los intendentes de las provincias de Huancavelica, Huamanga, Cuzco, Puno y Arequipa, así como al general en jefe del Alto Perú, Juan Ramírez, avisándoles de los tratados que se estaban haciendo con los insurgentes de Chile y cómo el rey, una vez que «tuvo por conveniente jurar la Constitución de la Monarquía española, tuvo como primera preocupación la pacificación de América, razón que justificaba el envío de la Proclama y de la real orden de 11 de abril» (CDIP, 1971, VI, 3, pp. 98-99). El intendente de Huancavelica acusaba recibo de estos documentos el 7 de noviembre134, pero Pezuela también se ocupó del norte, como consta en la comunicación al gobernador de Maynas, Manuel Fernández Álvarez, del 21 de octubre de 1820, adjuntándole un ejemplar del Manifiesto y explicándole las razones que le habían movido a tratar de conciliar las desavenencias con el «gobierno disidente de Chile» a través de la negociación. Era un documento retórico en el que apelaba a los derechos del rey para evitar la devastación y el exterminio en sus dominios americanos, factores que le «obligaron a dar con gusto» ese paso. Pero el intento se había frustrado por la absoluta resistencia de los representantes de Chile, a quienes solo les interesaba saciar sus ambiciones (CDIP, 1972, XXII, 2, p. 160). 1.2. Desde el Alto Perú y a espaldas del gobierno virreinal: Salta, 1820-1821 El Alto Perú era una región de gran valor estratégico desde el inicio de los movimientos insurgentes. Desde Buenos Aires fueron varios los intentos de ocupar la Audiencia de Charcas como plataforma para liberar al Perú. 121
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