La independencia inconcebible

Los patriotas contestaron con una encendida descalificación al liberalismo español, negándose a jurar una Constitución que se había promulgado sin la justa representación de los americanos y que solo había beneficiado a la Península; y aunque no podían concluir ningún tratado definitivo que no se hiciera sobre la base de la independencia, ponían sobre la mesa dieciséis artículos que ampliaban y perfilaban los de los realistas. En síntesis, las tropas independientes se trasladarían al Alto Perú, a la margen derecha del río Desaguadero, mientras los españoles se replegarían de los territorios que ocupaban en el antiguo virreinato del Río de la Plata, situándose en la margen izquierda del río. Además, proponían la creación de una comisión negociadora, participada por un oficial de las fuerzas navales neutrales126. Los comisionados del virrey consideraron una afrenta al rey el ataque a la Constitución y, en cuanto a la posición de los ejércitos, reiteraban que las tropas de San Martín debían replegarse a Chile; a cambio, considerarían aceptar que las fuerzas españolas en territorio chileno se concentraran en Chiloé, pero en ningún caso se alteraría la situación del Alto Perú127. Pezuela intervino para desbloquear la situación, convocando el 30 de setiembre a Guido y García del Río a La Magdalena. Allí escuchó la propuesta de San Martín de establecer una monarquía constitucional e independiente, con un príncipe de la familia real española al frente. En su Memoria reconocía que no se avanzó en ningún sentido y despedía a los comisionados confiando todavía en que San Martín tomaría en consideración la oferta de conciliación y mostraría que anteponía el «amor a la humanidad a la guerra destructora»128. Los diputados independientes anunciaban su retirada el 1 de octubre para elevar a San Martín las últimas proposiciones del virrey. Consistían en que los patriotas evacuasen Pisco, regresaran a Chile y enviasen diputados a Madrid; se contemplaba en ellas, asimismo, la suspensión de las hostilidades (Pezuela, 1947, pp. 772-773). Era un órdago en toda regla que el general patriota no aceptaría. Los comisionados no volverían a reunirse. Era el tiempo de Pezuela y del general patriota, que mantuvieron una cortés correspondencia a comienzos de octubre. El virrey se dirigí a San Martín hasta en tres ocasiones para lamentar que sus comisionados no hubieran tenido poderes para resolver sobre la proposición de jurar la Constitución de la Monarquía española y no dio por cerrada la negociación a la espera de que este reconsiderara sus 119

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