las órdenes de restaurar el sistema constitucional120. En una posición de franca debilidad, cuestionado por altos oficiales, comerciantes del Consulado, el Ayuntamiento constitucional y notables de Lima descontentos con el sesgo de su política militar y económica durante los apenas cinco meses en los que fue jefe político superior de Lima (acepción constitucional), poco antes de ser depuesto en Aznapuquio, Pezuela se comportó como un hombre del rey y cumplió, sin salirse del guión, con los términos de la real orden del 11 de abril121. En la correspondencia que mantuvo con los disidentes y con las autoridades españolas sobresale su pragmatismo, fundamentalmente cuando trata asuntos militares. Con apenas algunas incursiones retóricas, se limitó a parafrasear la «Proclama del Rey» del 31 de marzo y la real orden del 11 de abril. No las modificó ni tomó iniciativas y no se empeñó en obtener resultados más allá de lo que demandaba la obediencia debida. Auspició la publicación del Manifiesto de las sesiones tenidas en el pueblo de Miraflores para las transacciones intentadas con el general San Martín y documentos presentados por parte de los comisionados en ellas122. El Manifiesto se abría con la inserción de la «Proclama del Rey a los Habitantes de Ultramar», pero, sin embargo, no estaba la real orden del 11 de abril, referente de la negociación. En la brevedad de Miraflores, Pezuela, San Martín y las respectivas diputaciones desplegaron una intensa actividad a través de conversaciones y notas en las que se cruzaron las propuestas, primero sobre los términos del encuentro, después sobre los del armisticio y, finalmente, sobre las condiciones de la negociación. La distancia entre Lima, Miraflores y el campamento patriota motivó dilaciones e informaciones cruzadas y solapadas entre San Martín y sus comisionados y, simultáneamente, entre San Martín y el virrey. La secuencia no es, por lo tanto, lineal y su reconstrucción ayuda a entender iniciativas y reacciones. Las conversaciones para acordar la suspensión de hostilidades necesaria para abrir negociaciones se extendieron del 24 al 26 de setiembre, día en el que se acordaron los términos del armisticio que ratificarían Pezuela y San Martín. Con el inicio de la negociación se explicitaron desacuerdos infranqueables, siendo el principal de ellos el enfrentamiento entre la jura de la Constitución y el reconocimiento de la independencia. Las ofertas y contraofertas se prolongaron hasta el 30 de setiembre. Ese día, Pezuela se reunió en su casa de La Magdalena con los comisionados independientes (es la expresión que usa el virrey), a los que entregó largas instrucciones, 116
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