En la intención de las autoridades centrales estaba que el virrey negociara con los insurgentes del Reino de Chile y del Río de la Plata, pues no disponían de información a tiempo real sobre el un gran contingente que había partido de Valparaíso y arribado a las costas de Pisco antes de que llegaran los comisionados a Chile. Por eso, en el entendimiento de que el Perú era un virreinato en paz, el 8 junio de 1820 no se nombraron comisionados sino para Chile y el Alto Perú, en este caso para negociar con las provincias del norte rioplatense. 1.1.1. Miraflores, la brevedad de una negociación frustrada En Miraflores no se llegó a negociar stricto sensu, hubo encuentros y se firmó un armisticio como paso previo para emprender una negociación que condujera a resultados aceptados por ambas partes. Su interés radica en lo que significó, tanto para el proceso independentista como para la política española y el gobierno del virreinato, porque allí midieron sus fuerzas el representante de la Corona, Joaquín de la Pezuela, y el general del ejército de Chile, José de San Martín. Desde el 11 de setiembre al 4 de octubre se sucedieron conversaciones y notas con un final previsible, porque las partes no se movieron de sus posiciones de partida: jura de la Constitución de 1812 versus reconocimiento de la independencia. Tanto el virrey como San Martín, ellos mismos y a través de los comisionados, se esforzaron en transmitir una imagen de concordia y, a la vez, de fuerza. Ambos manifestaron públicamente que estaban en situación de ganar la guerra, pero que por razones de humanidad eran partidarios de evitarla. Si ello no era posible, se atribuían el mérito de hacerla por medios civilizados. La historiografía ha tratado fundamentalmente Miraflores desde la perspectiva patriota, incidiendo en cómo fue un paso adelante en el camino hacia la independencia y valorando el protagonismo de San Martín, el líder que supo negociar, subrayando que en el curso del proceso hizo pública su propuesta monárquica118. La otra cara de la moneda que aborda esta propuesta es la de la mirada desde la perspectiva española, el análisis de cómo Pezuela gestionó la negociación y en qué medida se cumplieron las órdenes de la Península; también, quiénes fueron sus apoyos y cuáles sus detractores y, sin duda, cómo la negociación incidió en la abrupta deposición del virrey119. El 4 de setiembre de 1820, seis meses después de que el rey jurara la Constitución de 1812, Pezuela recibía correspondencia de la Península con 115
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx